• Ingrid Lozano Suárez*

Desde lo ficcional a lo social


Los Divinos (2018) de Laura Restrepo es una narración avasalladora que se puede leer de un tirón, como cuando se tiene varias preguntas acumuladas y solo la escritura puede dar respuestas a lo que se busca. Pues cómo se puede entender la elección para la violación a una niña, a la niña Zamboní, y cómo comprender que la desgarradora vida nos lanza dardos negros y golpes tan fuertes, que el mismo Dios no podría soportar, cómo entender y aceptar que también somos parte de esa sociedad indiferente.

Pero, para estas cuestiones aún no tenemos una respuesta convincente, quizás una de las partes de este conflicto social se deba a una posición tendiente a lograr la superioridad sobre el otro, sería el caso de arrogancia versus sometimiento, cuanto más se intensifica socialmente, más se exacerba la otra, como se evidencian en los personajes de: Muñeco, Taarabeo, Chuky, Duque, Píldora, Hobby, en la novela; llamados Los Divinos, quienes son un grupo de jóvenes, “enamorados de ellos mismos, sin límites, amos en feudos de despojados y señores en un país de pobres” (p.36).

La segunda reflexión es la narración contada por un hombre en un caso de feminicidio; Hobby relata a una generación educada desde la individualización, la superioridad, el ego y de la sinrazón, que permite ahondar en la psiquis de la sociedad, que forja una sociedad de semidioses, de narcisos; y de hijos de madres sobreprotectoras que contribuyen a la creación de esos monstruos que luego dividirán a las mujeres en lívidas y santas, que construirán muros para esos hombres, y potencializarán debilidades que pueden llevar actos espantosos de violencia como sucede con Muñeco y el Hobbit.

Por eso, los personajes se van desarrollando entre la relación con su madre, como se observa con el Hobbit: quien aclama en el relato a su mamá para sentirse protegido: “Dónde estará mi mamá, ayúdame, please, mami, con este mandoble me reventaron” (p. 225), pese a ser responsable del silencio de ese horror.

Por tanto, la tercera reflexión es la indiferencia cuando somos espectadores de aquellas condiciones inhumanas que padecen los niños y mujeres víctimas de violencia como le sucede a Hobbit, ya que solo contribuimos a comportamientos más crueles, tanto de agresores como de descendientes de familiares de víctimas que utilizarán esa crueldad como justificación de su propia venganza.

Finalmente, la escritora emplea la metáfora del “monstruo” que es aquella mirada de la sociedad invisible, lo que está detrás de esos comportamientos aprobados culturalmente, de esa sociedad que ha dado cultivo a ello, de camuflaje y que pueden estar por encima del otro, porque “Monstruo es quien se muestra, lo que se muestra. ¿La parte que se muestra? Si el muñeco es la cara visible del monstruo, la cara oculta somos nosotros. Lo dice la experta Arbeus: si quieres ver un monstruo, desvístete y mírate al espejo” (p.248).

Por tanto, Laura Restrepo reflexiona sobre la necesidad de dialogar con esas generaciones, entre padres-hijos, entre el centro y la periferia, lo alto y lo bajo, lo correcto y lo incorrecto, y con nosotros mismos; desde la interioridad para entender lo que subyace del monstruo y como tal en la sociedad.


LA GUACHAFITA