• Jaime Navarrete

Jóvenes de mi edad atracando… ¿Cuál es la raíz del problema?


Foto: Colprensa

El pasado jueves 9 de agosto fui víctima de un atraco. Cuatro jóvenes más o menos de mi edad (19 años), me asaltaron con arma blanca y me hurtaron la bicicleta, el celular y un bolso donde llevaba algunos documentos de la universidad. Lo anterior me lleva a preguntarme lo siguiente:

¿Qué pasa con la seguridad en Neiva?; ¿En que están invirtiendo el tiempo libre los jóvenes?; ¿Y las oportunidades y derechos que deben garantizar el Estado?

Neiva es un municipio mediano, con 347.501 habitantes según cifras del DANE. Sustenta su economía en un 80% en el sector primario, es decir agricultura, ganadería y piscicultura, un 11% en el secundario, enfocado sobre todo en la industria de petróleo y gas y una pequeña parte en el sector terciario, es decir, comercio y servicios, entre otras actividades.

Desde hace algunos años viene presentando altos niveles de inseguridad, creciente delincuencia, homicidio y extorsión, y el surgimiento de pandillas especialmente en los asentamientos ubicados en las periferias de la ciudad, que se han convertido en el hogar de familias víctimas del conflicto que desde distintas partes del territorio y por diversas razones llegan a sobrevivir en la selva de cemento que representa para muchos la ciudad.

Estas son algunas cifras según el Observatorio del Delito del municipio, con corte del primer trimestre del 2018 (hasta abril), comparadas con las cifras que se tienen del mismo período del año anterior:

Fuente: Elaboración propia con datos del Observatorio del Delito del Municipio de Neiva

La administración municipal de Rodrigo Lara Sánchez, ha venido trabajando en algunos planes de convivencia, prevención de hurtos y estrategias para que la gente participe denunciando. Sin embargo, al observar las cifras del Observatorio es evidente que no ha sido suficiente dado que los delitos han aumentado respecto al año anterior. Son paños de agua tibia para una sociedad como la neivana que reclama tanta inversión en campos cruciales como deporte, cultura y educación secundaria y superior; y desde el gobierno nacional, el último plan para “reducir el delito” ha sido llamado: “El que la hace, la paga”, sobre el que dudo mucho sobre todo por la asertividad y efectividad que tenga para atacar de raíz el problema que acecha la capital Bambuquera de América y a Colombia en general.

Toda las acciones, planes y proyectos gubernamentales deben estar enfocados en acabar con la desigualdad social tan profunda en nuestro país, que la ha llevado a convertirse en el mal engendrador de la mayoría de los problemas que ha afrontado y afronta actualmente, entre ellos la delincuencia. Ello se ve reflejado en los informes del Banco Mundial que ubican a Colombia como el cuarto país más desigual del mundo, luego de Sudáfrica, Haití y Honduras.

De hecho, específicamente en el departamento del Huila, cuya capital es Neiva, la pobreza monetaria (35.7%), supera en casi diez puntos la media nacional en 2017 (26.9%). Según estos datos, somos más pobres que el promedio nacional.

La cuestión es: ¿Qué va primero, la “cultura de legalidad” o la "cultura cívica, ciudadana y ética"? La pregunta, lejos de ser retórica, debe ponernos a reflexionar pues el actual gobierno, liderado por el político de derecha, Iván Duque, tiene a la seguridad y la “cultura de legalidad” como algunos de los pilares de su plan de gobierno. En efecto, desde el 16 de agosto empezó a aplicarlos con el lanzamiento de su ya mencionado plan: “El que la hace, la paga” que es liderado por la Policía Nacional y la Fiscalía.

Pero…¿A caso no debíamos estar enfocados en planes de reconciliación y justicia social? ¿Será suficiente el plan de Iván Duque, para acabar con la delincuencia y la inseguridad?

Está claro que es insuficiente, y por ello las carteras de educación, deporte y cultura se les debe inyectar dinero suficiente desde el gobierno nacional, para permitir apostarle desde los gobiernos municipales a ampliar la cobertura educativa con plenas garantías, potenciar el arte como ejercicio de goce pero también como un complemento que les brinde a los jóvenes un modo de sustento, y el deporte como hobbie pero también como disciplina que pueda evitar que miles de jóvenes y niños se pierdan en el mundo de la mal llamada “vida fácil”.

Pero además apostarle a generar oportunidades laborales con garantías dignas para los jóvenes, porque en municipios como Neiva, el mundo de las pandillas, la prostitución y las drogas resulta lo más opcional, debido al alto índice de desempleo, (11.5%) que supera el promedio nacional (9,7%).

La seguridad se logra no solo poniendo bajo rejas a quien comete el delito, sino evitando que el actor de algún delito, que puede ser un joven como yo, se vea obligado a realizar algún acto delincuencial que atenta contra la humanidad de sus coterráneos y las leyes mismas, que resguardan la convivencia pacífica, el orden y la paz.

Es decir se trata de atacar el problema de raíz, evitando actuar en la fase final, luego de que se cometa algún delito. Hay que invertir a priori en educación, formar en cultura y deporte, y generar diversas oportunidades laborales, garantizando que sean dignas y estables no meramente por contratos y proyectos; todo ello para evitar que jóvenes como los que me atracaron a mí se vean obligados a cometer delitos y vivir de la “vida fácil”, por culpa de un sistema que excluye y que cada vez más amplia la brecha entre ricos y pobres.

Pd: La paz se logra con justicia social, no habrá paz si continua la histórica desigualdad, no cesará la violencia si el Estado no demuestra capacidad para proteger y garantizar los derechos y deberes de todos los habitantes de este curioso país llamado Colombia, que nombra de embajador ante la Organización de los Estados Americanos, a un hombre que despotricó del sistema interamericano de derechos humanos y cree que quemar libros es un acto pedagógico.

<<El más importante y principal negocio público es la buena educación de la juventud>>

Platón


LA GUACHAFITA