• Dayana Méndez Aristizábal

La justicia del violador de las Tres Cruces


Uno de los casos de violación que más conmocionó a Neiva fue el de Karen. Una joven universitaria que en 2012 fue violada y por poco asesinada. Los médicos que la atendieron aseguraron no haber visto nada similar antes, sus heridas eran mortales. A su victimario los medios le han llamado "El violador de las Tres Cruces, por el lugar donde ocurrieron los hechos. Karen es una sobreviviente, una mujer valiente y aguerrida que no descansó hasta ubicar ella sola a su agresor, lo buscó por cielo y tierra y luego de dar con su ubicación, le entregó toda la información a la fiscalía, sin lo cual, es casi seguro que su caso seguiría siendo una mera estadística.

No puede haber cosa más revictimizante para una víctima de violencia sexual que un proceso penal, una verdadera tortura legal en la que tiene que soportar tras cada audiencia, una y otra vez la lectura del relato de lo que le hicieron y dejaron de hacer, pero además verle todo el tiempo la cara a su verdugo, ahí impávida y temerosa pero persistente y aguerrida; prendida del hilo de esperanza que da el anhelo de justicia.

En 2016 el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Condenó a José Solín Rodríguez a la pena de 19 años por el delito de tentativa de homicidio agravado. Sin embargo, el Tribunal de Neiva quien conoció en segunda instancia del caso ha decidido revocar la sentencia de primera instancia y darle libertad a Solín Rodríguez.

No, no es la primera vez que pasa, porque la justicia al igual que todas las instituciones e incluso las ciencias están permeadas de los prejuicios y los estereotipos. El Derecho y la justicia están plagados de ellos, de esos juicios de valor fundados en lo socialmente aceptado, que es casualmente casi siempre lo que culpabiliza a las mujeres.

Sinceramente creen que es gratis que la sentencia diga cosas como que: Según las reglas de la la experiencia, un individuo que va a cometer un delito atroz nunca daría su verdadero nombre, ni indicaría la profesión que ejerce a su futura víctima. O que diga además que el encuentro fue consentido porque Karen no sólo aceptó ir, sino que desatendió la recomendación de su madre de ir acompañada por su sobrino. No, esto no viene gratis, esto es resultado del machismo que está incrustado en las instituciones jurídicas y que lleva a tomar decisiones que no sólo revictimizan, sino que culpabilizan a las mujeres e invisibiliza todo lo que ellas dicen.

Es necesario resaltar a los señores magistrados que en Colombia cada hora 16 mujeres son víctimas de violencia sexual y en la mayoría de los casos el perpetrador no es sólo alguien conocido, sino incluso integrante de su propia familia; así que las reglas de la experiencia usadas no sabemos a qué realidad pertenecen. Es importante resaltar también a los magistrados y con ello a todos los operadores de justicia, que Karen no tenía que ir acompañada para evitar su violación y tampoco tenía que evitar ese encuentro para que no la violaran, Karen podía ir a donde quisiera y con quien quisiera y nunca nadie debía hacerla sentir culpable por eso, ni a ella ni a ninguna mujer.

"Según las reglas de la la experiencia, un individuo que va a cometer un delito atroz nunca daría su verdadero nombre, ni indicaría la profesión que ejerce a su futura víctima".

Karen identificó a su agresor, lo encontró, pero para el Tribunal lo que ella dice no tiene valor porque estaba drogada y aunque las psicólogas siempre dijeron que su relato era consistente, para el Tribunal eso no es posible porque las sustancias que le dieron le alteraron la memoria.

Dejemos de endiosar al Derecho y a la Justicia, decir que este fallo fue elaborado de manera objetiva y atendiendo a Derecho es desconocer que detrás de su elaboración hay una serie de tópicos y prejuicios que la sociedad se ha esmerado en marcarnos para disciplinarnos. La objetividad no ha sido otra cosa que lo que el poder imperante quiere hacer creer. Pasa en el ámbito científico, que por mucho tiempo sostuvo el discurso de que los cuerpos blancos eran superiores a los demás o que tuvo por enfermas y desviadas a las personas homosexuales o que hasta la década de los 90 no incluía a las mujeres en sus estudios científicos; pasa en las artes que apenas hasta hace dos años el Museo del Prado, uno de los más importantes del mundo presentó por primera vez una exposición realizada por una mujer pintora, Clara Peeters. Aquí podría quedarme recitando discriminaciones de lo que hasta entonces era objetivo y estaba bien.

¿Acaso el Derecho es una ciencia superior abstraída de la realidad social a la que pertenece? ¡No! Ni los (as) juristas son súper humanos (as). Son personas que responden a esos estereotipos sociales. Mientas no seamos capaces de entender que el Derecho no puede vivir por allá en la nube presumiendo de legalidad y objetividad mientras se va llevando por delante los derechos y la integridad de las víctimas, aquí no va a pasar nada distinto.

La sentencia del Tribunal es una sentencia llena de prejuicios y estereotipos, una sentencia que no considera las realidades que se viven al interior de las violaciones, hasta allá no llegaron las reglas de la experiencia de los magistrados. Este tipo de sentencias les dice a las víctimas que son culpables de su propia desgracia por haber ido a ese lugar, por haber ido solas, o por haber estado drogadas (así las drogara el victimario) y a los violadores les anima a seguir haciendo lo suyo, dándoles una muy buena fórmula: dróguela, viólela, golpéela y listo, no hay como probar nada, no lo recordará.

El violador de Karen hoy está libre, va muy campante por las calles mientras ella siente temor de salir. Por eso todas vamos a salir con ella, el viernes 24, a las 3pm, las mujeres de Neiva la acompañamos en un plantón en el Palacio de Justicia para rechazar esta sentencia y el tratamiento dado a las víctimas de violencia sexual, para exigir verdadera justicia. Venga, súmese, repudie con nosotras.


LA GUACHAFITA