• Carlos Tobar

Y…, esa era la foto que necesitábamos


Foto: Twitter de Andrés Pastrana

A todos los colombianos que tuvimos la oportunidad de ver, a través de los diversos medios de comunicación, la foto de los dinosaurios políticos, Álvaro Uribe, César Gaviria y Andrés Pastrana, reunidos la semana pasada a instancias de Uribe, nos quedó la sensación de volver al pasado del Frente Nacional. A mí, me produjo la sensación de ver una fotografía en color sepia, con olor a naftalina –esa sustancia con que las abuelas guardaban la ropa para protegerla de “los bichos”–, llena del polvo de los tiempos, telarañas y un amargo sabor a herrumbre. Tal la connotación que producía una reunión que tenía el claro sabor al pasado indeseable. A ese pasado que no queremos volver a vivir, por los amargos recuerdos de frustraciones, abandonos y carencias que dejaron en generaciones sucesivas y, que, finalmente, desembocó en la más cruda de las violencias de la que ahora empezamos a desembarazarnos.

Es tal la desesperación de los “líderes” de las élites colombianas que, durante décadas inmemoriales han gobernado a su antojo a esta su finca “Colombia”, que el todopoderoso Uribe, tomó la iniciativa de llamar a sus colegas de latrocinios –su verdadera identidad, hoy inocultable– para, según sus palabras “rodear al presidente Duque”. Que, en sus palabras es ponerse de acuerdo para que el modelo económico, que les ha dado tantos privilegios y riquezas a las clases que representan y a sus socios extranjeros los grandes monopolios internacionales, especialmente del capital financiero parasitario, no naufrague en el mar de dificultades que lo asedian. La unidad no es para buscar soluciones, así sean paliativos temporales, a los inmensos sufrimientos del pueblo trabajador, sino para ver de mantener las ventajas ofensivas de unos pocos que, han convertido a Colombia en uno de los países más desiguales de la tierra.

Pero, así los queríamos ver: unidos en una sola e indisoluble banda, un –como dicen los juristas– “concierto para delinquir” en contra de las mayorías: los trabajadores asalariados y los empresarios no monopolistas. Sin careta alguna que los oculte a los ojos de la ciudadanía, sin Farc que medie con sus barbaridades para ocultarlos, sin las divisiones ficticias, por ejemplo, entre santistas y uribistas, desembozados y a la luz del día, defendiendo lo que siempre han defendido: sus privilegios. Qué rápido se está quedando el débil gobierno de Duque sin herramientas para engañar al pueblo, la gran preocupación de Uribe, que tiene claro lo que les viene pierna arriba.

Del otro lado, desde la orilla de la inmensa mayoría del pueblo trabajador y de productores nacionales, la tarea es, primero, entender las dificultades de las élites gobernantes asediadas no solo por su debilidad interna, sino por la bancarrota del mundo globalizado del “libre comercio”, y, segundo, organizarse, unir, no solo a la “izquierda” –entre otras cosas cuál izquierda–, sino a todos los sectores sociales: productores nacionales no monopolistas, empleados, trabajadores asalariados, informales, campesinos…, para proponernos transformar a Colombia en un país moderno…, para los colombianos.


LA GUACHAFITA