• Ingrid Lozano Suárez*

Entrevista a Fernando Araújo Vélez


Fernando Araújo Vélez va llegando con su voz ronca, su tono firme, su piel tersa, con aquel aire de algo poeta, escritor, autodidacta, reseñista, columnista, novelista, con profunda sinceridad, nobleza, sencillez y sentido jovial tan ausentes en los académicos, se inicia una conversación entre dos personas que tan sólo tienen miles de preguntas por compartir[1].

  1. ¿Cómo nace El Caminante en El Espectador?

El Magazín se vuelve diario en el 2008 en El Espectador,y unas de las secciones que nos inventamos era El caminante, que era una columna que quería escribir hace mucho tiempo, pero nunca había podido, porque no había la libertad que hay en El Espectador, y no quería la típica columna sino una que fuera libre, la idea era que la escribiéramos todos los de la sesión, que cada uno de los integrante sacara una distinta; escribí la primera para dar el impulso, pero nadie siguió, entonces salió la primera y ya tenía que seguir, y ya van 10 años. La columna tenía que seguir por muchas razones, pero una de las razones fundamentalmente es porque hay personas que la siguen y empiezan a escribirme, y la segunda razón y, la más importante es porque escribir es un estado.

2. ¿A qué te refieres cuando dices que escribir es un estado?

Porque estar en estado de escribir, es estar en estado de búsqueda, de descubrimiento, de pensamiento, de relación, o sea yo voy por la vida buscando temas para escribir y la línea puede ser muy delgada, pero tú estás en actitud de buscar o en actitud de esperar, cuando estás en actitud de buscar todo te llama la atención, todo es factible de escribir; yo estoy convencido que todos tienen una gran historia para contar y escribir, todos deberían escribir su historia; además, por varias razones, porque si cada quien no escribe su historia, quién la va a escribir; sino la escribimos quedamos supeditados que cada quien diga lo que se le dé la gana de nosotros, de lo que pensamos, de lo que sentimos; por ejemplo hoy alguien publica en Facebook sobre algo que dije y no fue lo que dije, si tú no escribe, te tergiversan; por eso cada quien debe escribir su historia, porque está contando la versión de sus hechos, porque también es un ejercicio de pensamiento, de profundización, de reflexión, de creatividad, de ahí nacen mis columnas de esa necesidad de escribir como Ahora que me queda a la izquierda la vida.

3. Cuando hablas de la escritura como estado de búsqueda, te refieres a que los temas de tus columnas, cuentos y novelas han llegado como aquel caminante que anda observando ¿Crees que el azar interviene en los temas de tu escritura?

En la novela Y Por Favor, miénteme incluí cuatro columnas y entre ellas la que tiene el título de la novela, esa columna la escribí en el bus cuando iba para el periódico, porque alguien me recordó una canción que decía Escríbeme todos los días, entonces necesitaba darle fuerza al estribillo, recordé una obra de teatro de Tennessee Williams, donde hay una señora que es enviada al psiquiatra, la fui componiendo, y esa imagen quedó en mi cabeza para convertirse en la metáfora de Helena en la novela. La escritura llega cuando andas buscando, cuando andas construyendo, y siempre te llega.

4. ¿Cuál fue el proceso de escritura de la novela Y Por Favor, Miénteme?

Con esa novela me demoré muchísimo en escribirla, once o doce años, pero me di cuenta de una de las cosas bonitas, que era investigar, mientras se está escribiendo, por eso vuelvo en el punto de en estado de escribir, cuando escribes eres un Dios; cuando escribes estás haciendo camino, no estás pensando en el fin, como te lo enseña los medios; sino que estás pensando en la búsqueda. Somos lo que escribimos en buena parte. La novela fue esa búsqueda de la memoria de una familia, y me di cuenta de la necesidad que tenemos cada uno en escribir nuestra propia historia, porque cada personaje representa la historia del país. Los personajes Helena, Dionisio, Carlos Vélez, Fernando Vélez existieron, pero ninguno dejó una carta, donde testimoniarán los hechos, y eran los dueños de Cartagena, de Colombia, pero no hubo nada, por eso el papel de la escritura es recuperar la memoria, tu memoria, la memoria de la nación.

5. El principal problema de la nación es la ausencia de la memoria, consideras que el deber de arte es recuperar la memoria.

Las sociedades nos venden día a día conceptos, te venden felicidad, fama, familia, títulos porque eso vende, y nos idiotizaron, carecemos de capacidad de leer, de asombrarnos, de reflexionar, un país enfermo indudablemente, de herencias; y hacemos referencias a otras clases sociales, por eso la única manera salir de allí es el arte, el arte nos salva, es la imagen que nos ayuda a recuperar esa memoria. Por eso el deber del arte es darnos bofetadas, como Nietzsche, volver a los valores, al diálogo, al debate, a la confrontación como compromiso social, pero hoy no hablamos de ello, por eso recuerdo un poema de Octavio Paz que decía: “Mi abuelo, al tomar el café, / me hablaba de Juárez y de Porfirio, / los zuavos y los plateados. /Y el mantel olía a pólvora. / Mi padre, al tomar la copa,/ me hablaba de Zapata y de Villa, / Soto y Gama y los Flores Magón. / Y el mantel olía a pólvora. / Yo me quedo callado:/ ¿de quién podría hablar?", yo leía ese poema y me preguntaba de quién hablamos hoy, de quién hablamos en el periódico.

6. ¿En qué radica el poder de la palabra?

Lo importante es la obra, la capacidad de superar los miedos individuales, el periódico sabe que en sus manos está el poder, difunde el poder en sus columnas, en sus textos, los columnistas saben eso, Los Santo Domingo sabe de eso, por eso ponen escritores que hablen por ellos y la gente cree esas mentiras, por eso El Espectador aún es el periódico más libre. El arte debe crear un sello de identidad nacional como sucedió en Argentina, en Chile, en Cuba como lo hizo Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, pero eso acá no sucedió; la guerrilla no construyó obra artística, para metérsele a la gente en las venas, no hicieron teatro, ni música, por eso es importante contar esa historia, y quiero contar una historia que hable desde adentro de los subversivos, que hable de ese amor y de sus contradicciones.

Porque, todo es humano demasiado humano, algunas decisiones se toman en situaciones muy humanas, en un coctel, en una fiesta, en pactos; luego le ponemos verdades para disfrazar el mismo poder que subyace; lo políticamente correcto nos va a matar, cuando el poder de la palabra radica agredir a esas “verdades”, a esos movimientos, a esas clases, por eso la tranquilidad es una bajeza moral como decía Tolstoi.

Finalmente, queda un profundo silencio para profundizar las palabras dichas, las historias compartidas y los libros que nos quedan, de lo que aún podemos narrar y reinventar.

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[1] Fernando – Araújo – Vélez, Escritor y periodista del Espectador. Ganador del premio Simón Bolívar y autor de los libros Y por favor, miénteme; Del domingo al vacío, El fútbol detrás del fútbol, 8.848 Everest, No era fútbol, era fraude; Pena máxima, y Perturbados. Ha escrito para People, Cromos, Semana, El Siglo, El Tiempo, Soho y Credencial.


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