• José Francisco Reyes*

La entrada de la FARC a la política


Foto: Tomada de La Oreja Roja

Así como la firma del acuerdo de paz, la entrega de armas, el 20 de julio del 2018 fue una fecha histórica: 8 ex guerrilleros de las FARC (a la espera de lo que pueda pasar con Luciano Marín Arango y Zeuxis Pausias Hernández Solarte) se convirtieron en congresistas. El hecho de que un grupo armado haga transición a la vida civil y política no puede pasar desapercibido, años de lucha armada por lograr llegar al poder en el país lo cambian por deliberación en un recinto que no los aleja de ese objetivo.

Hechos similares en la historia nos llevarían al año 85, durante el gobierno de Belisario Betancur nace la Unión Patriótica, producto de las negociaciones entre las FARC y el ya mencionado gobierno. Asimismo, no podemos olvidar la Alianza Democrática M-19 que nace del grupo guerrillero M-19, estos dos proyectos políticos nacientes de grupos guerrilleros no lograron trascender en la arena política por la falta de garantías para desarrollar activamente su intención de cambiar balas por deliberación, es por eso que el hecho de que el partido político FARC ingrese en la política no debe restar importancia, con un poco más de garantías tras lo acordado en el acuerdo final de paz y las 10 curules a las que tienen derecho, les abre la posibilidad de empezar a hacerse un espacio en la política del país.

En Colombia basta con tan solo revisar un poco de historia política colombiana para afirmar que durante largos años de vida republicana el poder ha estado repartido para unos pocos, como lo que ocurrió en el Frente Nacional donde hubo un reparto de poder entre liberales y conservadores. El hecho desencadenó el nacimiento de grupos armados, según comenta el politólogo Juan Federico Pino (2017) “fue un factor relevante para explicar el surgimiento de diferentes grupos armados, especialmente del M-19, y la continua presencia de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), entre otros”.

El acuerdo de paz firmado entre las dos partes, tiene como objetivo el abrir una esfera más grande en participación política donde se consoliden la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) pero en ese mismo sentido otras fuerzas políticas que surjan. Lo anterior se plantea como una prenda de consolidación de la paz en el país y con ello no repetir escenarios de conflicto armado que solo desencadenan víctimas. Al respecto, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz afirma que:

La construcción y consolidación de la paz, en el marco del fin del conflicto, requiere de una ampliación democrática que permita que surjan nuevas fuerzas en el escenario político para enriquecer el debate y la deliberación alrededor de los grandes problemas nacionales y, de esa manera, fortalecer el pluralismo y por tanto la representación de las diferentes visiones e intereses de la sociedad, con las debidas garantías para la participación y la inclusión política. Es importante ampliar y cualificar la democracia como condición para lograr bases sólidas para forjar la paz. (OACP, 2016, pág. 35)

A pesar de que una diversidad garantizada en el aspecto democrático es un pilar en la consolidación de la paz, se ha cuestionado mucho la participación en política del partido político FARC. Al revisar los resultados electorales del Plebiscito para refrendar el Acuerdo de Paz en 2016, una leve mayoría lo rechazó, 6.431.376 de votos, mientras que la aceptación contó con 6.377.482 votos, según cifras de las Registraduría del Estado Civil. Otro aspecto a tener en cuenta son los resultados que se dieron en las elecciones de congreso del presente año (2018) donde para el Senado este nuevo partido político obtuvo tan solo 52.532 votos y en Cámara 32.636 votos (es decir, menos del 1% del total de la votación nacional), según cifras de las Registraduría, lo que permite demostrar que la población civil aun no ve con buenos ojos la participación política de la FARC y en lo referente al Acuerdo de Paz, a pesar del apretado resultado del plebiscito, es una realidad que la población voto por el NO.

Algunos opositores al acuerdo de paz lo ven como un acto de aberración contra la democracia, acusando que en un país serio esto no pasaría, lo cual es un argumento vacío. En primer lugar partiendo de que en Colombia han ocurrido hechos verdaderamente aberrantes contra la democracia como la parapolítica, donde se elegían congresistas con el respaldo de grupos paramilitares, en segundo lugar un proceso de paz desencadena una serie de cesiones entre las partes participantes. Además, era casi imposible pensar que un grupo guerrillero que tuvo más de 50 años de lucha armada, terminara negociando un acuerdo con el Estado Colombiano para terminar detrás en unos barrotes.

Ahora bien, lo cierto es que el acuerdo de paz ha recibido el respaldo internacional tanto en el aspecto político y académico. Eduardo Pizarro hace mención desde lo académico:

El instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame (Indiana) califico el Acuerdo Final como el más Completo de los 34 acuerdos comprehensivos que se han suscrito en el mundo desde 1989 (de más de 600 analizados, pero más puntuales), con base en la matriz de acuerdos de paz (Peace Accords Matrix) (pág. 379).

Es decir que la llegada de fuerzas alternativas y más aun con la FARC pueden ser beneficiosas para la democracia colombiana, beneficiosa para la democracia, porque extiende la diversidad política permitiendo así un ambiente deliberativo, lo anterior partiendo del panorama parlamentario que tenemos desde el 20 de julio, donde tomaron posesión distintas fuerzas en el Congreso. Por otro lado, la puesta en práctica del Estatuto de la Oposición (logro del acuerdo de paz) permitirá un ejercicio eficiente, gracias a los espacios y beneficios que tendrán los partidos que se han declarado en oposición al gobierno, en este caso el de Iván Duque. Un hecho a destacar es que a partir de ahora, los partidos políticos deberán declararse en oposición, independencia o apoyo al Ejecutivo por un periodo de mínimo un año. Esto no solo le da disciplina y coherencia a los partidos políticos sino que consolida un control político más riguroso.

Finalmente, el pasado 20 de Julio la FARC en su primera experiencia democrática en el Congreso, radicó la totalidad de 14 iniciativas con otros partidos declarados en oposición al gobierno electo, como el Polo, MAIS y la lista de los Decentes. Estas iniciativas que tienen como propósito defender aspectos del acuerdo de paz, lo cual es positivo porque les permitirá empezar a mostrar laboriosidad parlamentaria y empezar a trabajar para ganar aceptación en la sociedad por medio de leyes que beneficien a los colombianos.

Bibliografía:

OACP. (24 de Noviembre de 2016). Oficina del Alto Comisionado para la Paz.Recuperado el 23 de Julio de 2018, de Oficina del Alto Comisionado para la Paz: http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Paginas/Texto-completo-del-Acuerdo-Final-para-la-Terminacion-del-conflicto.aspx

Pizarro, E. (2017). Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981 – 2016). Bogotá, Editorial Debate, 417 p.

Pino, J. F. (2017). ¿Un matrimonio infeliz? Democracia y violencia política en Colombia: entre la restricción, cooptación y construcción. Papel Político, 22(2), 369-393. https://doi.org/10.11144/Javeriana.papo22-2.midv

* Subdirector de La Gaitana Portal Independiente.


LA GUACHAFITA