• Juan Carlos Acebedo

La frágil paz que está naciendo y el regreso de los incendiarios


Notas al margen del discurso de Santos al Congreso el 20 de Julio.

Foto: Cortesía de El Tiempo.

Escuché con atención el discurso de Santos ante el Congreso, que culminó hace un rato, y quisiera compartir con ustedes algunas de mis impresiones y sentimientos al respecto.

En general, creo que fue una buena pieza oratoria, lo que no quiere decir que comparta su contenido. Me gustó que Santos iniciara su alocución destacando la mayor pluralidad de fuerzas políticas que hay en este legislativo, y como parte de ella la presencia por primera vez de los parlamentarios de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que llegan al Congreso como resultado del acuerdo de paz firmado en 2016.

También, me agradó que hiciera un llamado enérgico al nuevo Congreso y a los colombianos a que defendamos la paz que está naciendo, frente a las graves amenazas que se ciernen sobre ella. El primer aplauso de los asistentes en el salón elíptico lo obtuvo cuando dijo que volvería a sacrificar su popularidad las veces que fueran necesarias si ello significaba poder salvar una sola de las vidas que se han salvado por la firma del tratado de paz; una frase sin duda bien hecha, que además refleja el lugar al que puede aspirar Santos en la historia moderna de este país: haber conseguido negociar y firmar el acuerdo de paz con las Farc, tarea para la cual muchos ciudadanos que no somos santistas sino de izquierda y centro izquierda, lo respaldamos hace cuatro años ante la posibilidad de que el Uribismo retomara el poder con Zuluaga.

Sin embargo, en torno al asunto de la paz, surgen las principales críticas que tenemos frente al saliente Jefe de Estado. Lo más triste, lo más indignante, es el desangre continuado y cotidano de líderes sociales en las regiones rurales de Colombia, justo en los últimos dos años de su mandato. La actitud del gobierno Santos frente a esta colosal crisis humanitaria fue indolente, irresponsable, y en el caso de varios funcionarios como el Ministro Villegas, cínica y en cierto modo justificatoria de los crímenes. La reunión de alto nivel que convocó Santos a un mes de abandonar la Casa de Nariño, aunque reconoció la gravedad y dimensiones del problema, no tendrá efectos suficientes pues se trata de un gobierno que finaliza sus tareas y será reemplazado por otro que no ha mostrado mayor sensibilidad ni interés en detener la sangría.

En su discurso "ventejuliero" Santos reconoció fracasos en lo relativo al aumento de los cultivos de coca en el país, y el no haber podido hacer una honda reforma a la justicia. Y presentó como logros la vinculación de Colombia a la OCDE y a la OTAN, dos decisiones que no contaron con el suficiente debate público y que no parecen estar en sintonía con los intereses de la mayoría de los colombianos, sino de unos pocos sectores privilegiados.

Finaliza el gobierno de Juan Manuel Santos, que llegó al poder hace ocho años como candidato del Uribismo, y con sus primeras decisiones en la conformación del gabinete y en las relaciones internacionales ( en especial con su acercamiento a los gobiernos de los países vecinos de Venezuela y Ecuador) empezó a tomar distancia del expresidente Uribe, quien luego se dedicó a hacerle una oposición feroz que al final de su segundo periodo le permitió recuperar el poder en la figura hasta hace poco desconocida de Iván Duque, hoy presidente electo.

Aunque hay quienes sueñan con que Duque haga lo mismo que Santos y deje plantado a su mentor y jefe político, es bastante improbable que eso suceda, pues el nuevo presidente no tiene ni un capital y una trayectoria políticas propias, ni la experiencia en el gobierno y los lazos de clase con las élites dominantes que tenía Santos al momento de llegar a la jefatura del Estado.

De este modo asistimos hoy a la paradoja histórica de que el principal logro del gobierno Santos, la firma de la paz con las Farc, esté seriamente amenazado por el nuevo gobierno que llega, con lo cual estaríamos como nación dando un paso adelante y dos pasos atrás. A menos que los ocho millones de Colombianos que votamos a favor de la profundización de la paz y por avanzar en las reformas sociales largamente aplazadas, con el liderazgo oportuno y eficaz de las fuerzas políticas de oposición al gobierno Duque que hoy han tomado posesión de sus escaños en el parlamento, podamos impedir el inhumano retorno de la guerra en nuestro país y resistir con éxito los empeños incendiarios de las fuerzas retardatarias que representa Duque y que le dictarán la plana en estos cuatro años.

Moderación y unidad, fueron las recomendaciones de Santos al despedirse de los colombianos. Yo diría mas bien: ¡unidad de todos los demócratas y los que defendemos los intereses del pueblo colombiano, y resistencia firme y creativa en el parlamento, en las plazas públicas, en todos los escenarios, al nuevo gobierno de la derecha uribista aliada con todos los partidos políticos tradicionales y corruptos del país¡.


LA GUACHAFITA