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El mismo producto en distinta envoltura


Foto: Tomada del Twitter de Iván Duque

De todas las designaciones del presidente electo, Iván Duque, me gustaría comentar uno en particular (prefiero no dedicarle palabras a nuestros próximos funcionarios en Cancillería y la Organización de Estados Americanos) porque es de los casos que más ha despertado entusiasmo en la opinión pública como si se tratase de un perfil excepcional en la política colombiana. Sostengo que no es así dado que si bien la envoltura cambió, el producto sigue siendo el mismo.

El nuevo Ministro de Vivienda, Jonathan Malagón González, es un joven nacido en Riohacha y con familia en Valledupar. Malagón es una persona que se ha caracterizado por su sabiduría. Tiene un PhD en Economía, cuenta con formación anglosajona de primera (estudió en London School of Economics y en Columbia University), con altas distinciones en el mundo de la academia y reconocidos premios de liderazgo gringo como el Eisenhower Fellowship. Pese a su corta edad, su inteligencia superlativa lo ha llevado a ser consultor de instituciones como la CAF, el Banco Mundial, el PNUD, entre otras.

Malagón es un tecnócrata atractivo para la renovación política que profesa el gobierno de Duque: 1) en palabras de la élite bogotana, es "provinciano", 2) tiene una impecable hoja de vida, 3) es sinónimo de juventud, tiene 33 años y 4) No tiene experiencia política, lo cual le garantiza no estar contaminado de todas las investigaciones y condenas que rodean al uribismo. Por todo lo anterior, Malagón representa uno de los nombramientos clave del gobierno entrante.

No obstante, no hay que olvidar que sus políticas económicas serán esencialmente neoliberales. Su formación y experiencia le ha enseñado que los países se desarrollan por medio del recorte al gasto público, de una mínima intromisión del Estado en el mercado y en el que los privados ponen y hacen todo. De hecho, él hace parte de ese selecto grupo de tecnócratas que llevan casi cuatro décadas - sin mostrar mayores resultados - liderando ministerios de países muy desiguales, con territorios en los que los niveles de atraso bien podrían ser del siglo XIX y en el que el ingreso per cápita del 95% de su población es menor a 700 dólares.

Estos tecnócratas aseguran tener las fórmulas del desarrollo y el éxito para mejorar las economías de las naciones de la periferia. La verdad es que sus fórmulas ya han sido probadas con resultados desalentadores en lo que concierne a la desigualdad, la pobreza, la generación de riqueza, etc. Sin embargo, sus gestiones no han sido lo suficientemente criticadas gracias a que en Colombia, sumado a todos los problemas anteriores, ha existido una violencia política que ha gozado de mayor protagonismo en la agenda del Ejecutivo y a la que se le ha endosado la responsabilidad de todos los males habidos y por haber. Desde luego que la violencia política ha dificultado e incluso acentuado muchos de los problemas que enfrenta el país. Pero también ha servido de elemento distractor para que la incompetencia estatal salga bien librada pese a sus equivocaciones en materia económica, política y social.

En definitiva, cabe preguntarse los beneficios que le ha traído al país el hecho de tener "tipos preparadísimos" en las carteras de Hacienda, Vivienda, Salud, Educación, Infraestructura, Medio Ambiente, Seguridad, etc. Y lo que no es poco: preguntarse por la idoneidad de designar expertos en temas en los que no son expertos. Porque Malagón tiene todo menos experticia en urbanismo, hábitat y vivienda.


LA GUACHAFITA