• Illia Collazos

Reflexión sobre la crisis de inmigrantes, siendo una inmigrante


Foto: EPA/Nake Batev.

Hace un tiempo me vine a pasar una temporada - espero larga - en Europa y pese a lo gratificante que ha sido, hay algo que no puedo pasar desapercibido: la inmigración y la postura que algunos europeos tienen sobre ella.

En Roma, en Barcelona, en Malta o en Venecia, aquellas personas que mendigan en las calles tienen piel oscura, mucho más oscura que los nativos, o portan velos musulmanes. Dos coincidencias que en realidad no lo son tanto. Con pesar puedo decir que Europa todavía no sabe cómo solucionar la situación ni sabe qué hacer con las personas que, incluso con el riesgo de perder la vida, huyen hacia sus países.

Hace poco más de una semana conocí a un miembro activo de la Unión Europea. Su postura era diplomática, más cercana a la conciliación y a la búsqueda de una solución que a la preocupación misma. Él ha viajado por todo el mundo y ha visto Latinoamérica de manera más profunda de lo que lo hice yo o cualquier persona que lea estas páginas y aún se aterra de la guerra que tenemos en algunos países latinoamericanos como el Salvador por ejemplo o la crisis social en Honduras. Pero, lo más interesante de haber charlado con alguien que tiene una responsabilidad y una labor política, es que reconoce que estas personas, los inmigrantes - particularmente los refugiados - son un signo de alarma para la economía europea.

- ¿Qué hacen ustedes con estas personas? - Recuerdo haberle preguntado.

- Todavía estamos solucionándolo. Algunas personas se les reinserta laboralmente pero no podemos darle todo a todos. Es insostenible. ¿Qué harías tú?

No me esperaba que me preguntara sobre mi humilde opinión.

- Hay que ir a esas zonas y trabajar para mejorar la calidad de vida en sus países o interceder en la guerra.

Asintió y me aseguró que eso era lo que estaban planeando hacer en el mediano plazo. También me reveló que, por primera vez en mucho tiempo, la Unión Europea está invirtiendo en su propia fuerza militar. Aún no resuelvo si esto es algo bueno o malo, pero por lo pronto me quedo reflexionando sobre el mundo que tenemos hoy. Un mundo que me alarma, no por los cotidianos problemas que podamos ver en los titulares –desempleo, inflación, narcotráfico, etc. –sino porque en muchos de estos casos no tenemos la menor idea de qué hacer o como resolver conflictos y menos los internacionales. Hacer política, economía, gobernar una sociedad es una tarea que está muy lejos de tener un manual o una guía de paso a paso.

¿Y qué piensan los demás, la gente que “del común? No mucho. La mayoría muestra consternación, trata de mostrar humanidad y hasta cierto punto tratan de ser políticamente correctos (no me he encontrado con el primer signo de xenofobia). Pero sin duda, hasta el momento, hay una encrucijada entre lo económicamente viable y lo éticamente correcto.

En Colombia no estamos muy alejados de una situación similar. Venezolanos cruzando la frontera y accediendo a cualquier tipo de trabajo o la ausencia del mismo en distintas zonas de nuestro país es algo que debería preocuparnos y, sin embargo, no podemos cerrarles las puertas a las personas que han perdido toda esperanza en su país.

Ahora yo les pregunto a ustedes ¿Qué harías tú?


LA GUACHAFITA