• Angélica Ortiz*

El futuro de Colombia 2018 - 2022


Foto: Vanguardia

Pasadas las elecciones en segunda vuelta por la Presidencia de la República de Colombia en las que la polarización y los factores de diferenciación entre posturas, ideas y propuestas demostraron la clara división política de nuestro país debemos recordar hechos históricos en esta contienda electoral: Vimos a los integrantes de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, ejerciendo su derecho al voto; el porcentaje de votación logró ser positivo frente a la abstención que en años anteriores se había presentado; llega a la Casa de Nariño uno de los Presidentes más jóvenes en ocupar el máximo cargo de la rama ejecutiva, y por si fuera poco, logró superar el techo en votaciones presidenciales alcanzando los más de diez millones de votos.

Sin importar las posturas de apoyo o rechazo de los colombianos a quién desde el próximo 7 de agosto será el Presidente de nuestro país, debemos recordar una vieja frase que nos recuerda el papel de la democracia en nuestro escenario político: “Vox populi, vox Dei” (La voz del pueblo es la voz de Dios).

Iván Duque llega a la Casa de Nariño con la seguridad de saber que son muchos los retos a los que se enfrenta este nuevo Gobierno; nos faltarían más espacios de participación como este para debatir y compartir opiniones frente a los desafíos en Colombia en cada uno de los temas que competen a la mejora de la calidad de vida de los colombianos, la protección de los recursos naturales y el fortalecimiento del aparato institucional y la imagen del país en el contexto internacional. Diferentes analistas consideran que Colombia se encuentra en un proceso de transformación lo que ha llevado a un reordenamiento de prioridades para el Gobierno; entre ellas de destacan la corrupción, las fallas de la justicia, la seguridad fronteriza y regional, la salud, entre otros.

Tras la firma de los acuerdos de paz con las FARC, la cortina de humo que escondía los escándalos de corrupción en las altas esferas del Estado se empezó a notar con mayor propiedad; el mejoramiento de estas situaciones en el país radica en la construcción de una cultura ciudadana consciente de la importancia de los cargos de representación popular en las diferentes corporaciones. El nuevo Presidente tiene el reto de trabajar con el objetivo de lograr que los cargos públicos no sigan siendo burocráticos, sino que estos representen la verdadera intención de intereses, conocimientos y experiencia desde cada cartera ministerial.

Ligado a lo anterior, el papel del mejoramiento de la justicia es una tarea de la que tenemos deuda en pasados gobiernos y que este no puede dejar de lado. Una reforma al sistema judicial de Colombia debe llevar a que esta sea más cercana al servicio de los colombianos, con sencillez en los procedimientos y por ende lograr hacer una justicia restaurativa para delitos y delincuentes, buscando así trabajar en la lucha contra el hacinamiento carcelario.

Por otra parte, la realidad económica actualmente nos hace pensar en lograr que el crecimiento y la aceleración que se ha venido presentando en los últimos meses se siga proyectando. Elementos como reducir el déficit fiscal, haciendo un adecuado uso de los recursos y mejor ejecución de los mismos permitan a su vez establecer escenarios donde la inversión y la generación de empleo, activen la productividad. Todo esto establecido bajo el contexto de una economía de empleo formal.

Serán muchos los escenarios donde el nuevo Presidente tenga que organizar sus propuestas, mejorar los índices y lograr los escenarios propicios para el fortalecimiento del contexto post acuerdos de paz. Por ahora, el tiempo de organización de las cabezas ministeriales nos dirán el perfil del nuevo Gobierno.

*Angélica Ortiz España, Internacionalista y Politóloga


LA GUACHAFITA