• Jaime Navarrete

Responsabilidad social electoral


Foto: Revista Semana

Colombia, un país herido por guerras secuenciales desde hace más de 200 años y con una herencia española marcada por la crueldad de la imposición, celebró una de sus elecciones políticas más importantes de los últimos años, debido a que la guerrilla más poderosa que había librado una fuerte batalla contra el Estado desde casi seis décadas, decidió dar el gran paso hacia la salida dialogada del conflicto y el gobierno hizo lo propio. Luego de años de negociación y crisis el 24 de noviembre del 2016 se pone fin a la guerra más larga del hemisferio occidental.

Las guerrillas que surgieron a mediados de los 60 del siglo XX, entre ellas las FARC-EP en 1964, vieron en la lucha armada el camino para llegar al poder, esto debido a la falta de espacios y garantías de participación política ya que solo era posible participar si se era o Liberal o Conservador, hegemonía que se radicalizaría con la creación del Frente Nacional (1958-1974), que básicamente fue la alternancia del poder entre estos dos partidos tradicionales.

Sin embargo, el ideal político de las FARC, que tiene como meta la justicia social y la redistribución de la riqueza para que todos tengan mínimamente como vivir, se vio manchado por sus acciones militares, actividades de enriquecimiento económico ilícito desde la década del 80 con el narcotráfico, y así mismo el uso de la extorsión, secuestro e intimidación a la población civil para subsistir como grupo subversivo.

Ya en el siglo XXI, el fracaso de los diálogos del Caguán con el gobierno de Pastrana (1998-2002) generó desconfianza sobre la voluntad de paz de esta guerrilla, eso sin sumar la desconfianza que a su vez creó el gobierno años atrás por no brindarle garantías de seguridad al grupo político creado por esta insurgencia en 1985, ya que la mayoría de sus miembros fueron exterminados por grupos paramilitares e incluso agentes del Estado. Luego vinieron los dos gobiernos de Álvaro Uribe (2002-2010), quien se aprovechó de esta desconfianza para crear el ideal del enemigo interno (terroristas) apoyado por el Plan Colombia (1999) y reforzado con el Plan Patriota, bajo el lema de “seguridad democrática” logró dar fuertes golpes militares a esta guerrilla y alejar la esperanza de encontrar soluciones por vía política, además de fortalecer el apoyo de E.E.U.U. con el acuerdo para la implantación de siete bases militares en el territorio nacional, con el fin, según el gobierno, de luchar contra las drogas; pero esto hacia parte de la política internacional estadounidense creada después de los ataques terroristas del11-S, que justifico su lucha contra el “terrorismo”. Finalmente llega el gobierno Santos (2010-2018) que se muestra a favor de cerrar años de conflicto que solo han dejado desplazados, muertos y desaparecidos.

Por otro lado Colombia es conocida como la democracia más antigua de América, una afirmación que puede resultar controversial, ya que si bien se tienen datos históricos de la primera elección popular en 1810; la abstención se ha mantenido en niveles preocupantes, lo que resta credibilidad de ser una democracia verdadera; por ejemplo, en las dos últimas décadas el nivel de participación no supera el 50%, para acercarnos un poco más miremos las dos últimas elecciones legislativas:

Con el anterior cuadro podemos evidenciar que nos ubicamos en un nivel muy por debajo de democracias como la de Republica Dominicana, donde en 2016 participó el 69% del electorado, o Venezuela, que a pesar de la profunda crisis politico-economico en la que se encuentra, sorprendió que en 2015 el voto fuera depositado por un 74,17% de los electores. Por fuera de Latinoamérica está el caso de Suecia, donde en 2014, en sus elecciones generales, participó el 83,4% de los inscritos.

Aunque hay muchos factores que influyen en la participación política, al menos por medio del voto, es evidente que en Colombia una de las principales causas es la falta de cultura política, que no está siendo trabajada desde las escuelas y colegios como reza la Constitución, sino que se están brindando unos conceptos básicos que no le permiten a los estudiantes y futuros ciudadanos vislumbrar la transversalidad de la política y la importancia de participar. Dicha falta de cultura política es reforzada además por la desafección política que se ha convertido en una tendencia mundial.

El voto ya venía utilizándose en sociedades como la Griega y Romana, siendo privilegio de algunos pocos sectores de la población. En el siglo XIX y XX era similar, se excluía o por sexo, edad o clase social; pero poco a poco, a través de luchas y presión social, el voto fue permitido para trabajadores, mujeres y jóvenes. En Colombia, desde la Patria Boba (1810-1816), se utilizó el voto indirectamente, pero solo fue hasta la Constitución de 1853 cuando se permitió el voto directo, es decir, con un respectivo jurado que diera fe de la legalidad del acto que era realizado sin intermediarios y en secreto, pero se mantendría ciertas condiciones como tener un empleo legal, haber o estar casado o tener una renta de más de 300 pesos, excepto las mujeres quienes se consideraban propiedad del hombre; ellas adquirirían este derecho en 1957 durante el gobierno del general Pinilla.

El voto ha ido adquiriendo en el país un valor muy importante al permitir a la población expresar su descontento o aprobación a cierto candidato o a cierta situación que sea de relevancia nacional y se ponga a consideración de los ciudadanos. Ahora los jóvenes pueden votar desde los 18 años, no desde los 21 como era anteriormente y no importa si se es negro, mujer o se tienen preferencias sexuales distintas, ya que todos tenemos ese derecho que es legítimo y constitucional, pero lastimosamente poco lo valoramos como herramienta fundamental directa para elegir el rumbo que queremos tome el país.

Luego de la Constitución de 1991, todos los grupos que tengan personería jurídica avalada por el Consejo Nacional Electoral pueden participar para ser elegidos, hacer coaliciones, etc. Es por ello que tuvimos un abanico de partidos para elegir en las pasadas elecciones legislativas, celebradas el 11 de marzo del año en curso. Sin embargo nuevamente el país evidenció las grietas en su sistema democrático al acabarse los tarjetones de las consultas interpartidistas a mitad de jornada y tener que recurrir a fotocopias.

Pero la población tampoco se mostró a la altura del momento coyuntural, ya que aunque este nuevo Congreso se encargará de seguir implementando el Acuerdo de Paz del 2016 y direccionar el país hacia el siglo XXI antes que este termine, los ciudadanos se abstuvieron a participar masivamente y algunos de los que lo hicieron se dejaron comprar por candidatos inescrupulosos y poco éticos.

"nos ubicamos en un nivel muy por debajo de democracias como la de Republica Dominicana, donde en 2016 participó el 69% del electorado, o Venezuela, que a pesar de la profunda crisis politico-economico en la que se encuentra, sorprendió que en 2015 el voto fuera depositado por un 74,17% de los electores".

A diez días de celebrar la primera vuelta presidencial y en medio de una campaña que ha dejado en la carrera por el Palacio de Nariño, solamente quedan cinco hombres: Humberto de la Calle, Iván Duque, Germán Vargas Lleras, Sergio Fajardo y Gustavo Petro, luego de que eran aproximadamente 50 los candidatos. Resulta bastante desalentador el panorama de campaña política, puesto que entre estos mismos candidatos se libra una guerra sucia de desinformación que busca desmeritar y confundir a los colombianos, respecto a cuál debe ser el candidato idóneo para dirigir el destino de la nación por los próximos cuatro años.

Esta confrontación llena de fake news, sofismas y esperanzas, están buscando atacar a los candidatos en su persona y no lo que proponen, ya sea por parecer inviable o irrisorio; todo esto hace parte de una estrategia que busca mover emociones en vez de promover el razonamiento entre los ciudadanos. A esto se agrega la promoción de la xenofobia que utilizan algunos candidatos para ganar simpatizantes sobre todo en las regiones de la frontera Colombo-Venezolana, aprovechando la crisis que vive el país vecino.

Los retos del nuevo ocupante del Palacio de Nariño, están relacionados claramente al momento histórico que vive el país. La implementación del Acuerdo final de Paz firmado con las FARC, la negociación con la guerrilla del ELN, la desarticulación de las BACRIM y el desmonte de las disidencias, son algunos de los temas fundamentales que deberá afrontar el nuevo gobierno y el electo congreso. Directamente en sus manos quedan continuar apostándole a acabar con la violencia y abrir una era de paz que le permita a Colombia valorar su biodiversidad, potenciar el agro, la ciencia, la educación, la creacion de empresas; claramente bajo unas condiciones humanas del sistema de salud, condiciones y garantías labores, organización y participación social, entre otros factores, que permitan cumplir a cabalidad el Estado social de derecho, y llevarlo a todos los rincones de la Colombia olvidada y marginada.

El rol de la sociedad será crucial para respaldar y aportarle a la reconciliación nacional, a través de la desarticulación de los lenguajes violentos, la restauración de los valores cívicos y solidarios, y la participación de está en los procesos sociales y políticos; todo encaminado a gestar una paz estable y duradera desde los territorios.

Las dudas que surgen son: ¿serán conscientes los Colombianos de su responsabilidad social electoral en éstas elecciones presidenciales?, ¿Se atreverán a participar masivamente, teniendo claro la importancia de su voto?, Esperemos que estén a la altura y acierten en la elección de quién dirigirá el país en los próximos cuatro años y que se eviten tantos comentarios como: <<siempre es lo mismo, este país no tiene arreglo>>, cuando teniendo el poder de participar en el cambio que anhelan, no lo hacen.

Bibliografía


LA GUACHAFITA