• Mauricio Muñoz Escalante*

Competitividad material y conceptual de las ciudades


Foto: Cortesía de Tu Semanario

Según el último Índice de Competitividad de Ciudades, Neiva ocupa el puesto 10 entre las 23 principales ciudades del país. Por encima están Bogotá, Medellín, Manizales, Bucaramanga, Tunja, Cali, Popayán, Pereira y Barranquilla. Y por debajo Santa Marta, Cartagena, Pasto, Armenia, Ibagué, Valledupar, Villavicencio, Montería, Sincelejo, Cúcuta, Florencia, Quibdó y Riohacha.

No está mal.

De resaltar es el puesto 1 en sostenibilidad ambiental y el 5 en cuanto a instituciones de educación básica y media, las cuales hacen parte de los seis pilares básicos de la calificación. Sin embargo, aunque es bueno puntuar bien, éstas no son las condiciones más importantes de una ciudad dado el momento histórico que vivimos. La razón es que para mejorar una mala nota en un pilar básico, por ejemplo en infraestructura y equipamiento (en la que Neiva obtuvo el puesto 12) o en instituciones (puesto 14), se necesita realizar obras como las que ya se están haciendo con los intercambiadores viales de la Universidad Surcolombiana y la Avenida La Toma con Carrera 16. Esto muestra el compromiso de los dirigentes con sus habitantes y la capacidad del estado para dar buen uso al recaudo tributario. Por el contrario, lo ocurre con la gradería del Guillermo Plazas Alcid, un estadio derruido que al mismo tiempo se habilita para que el Atlético Huila juegue sus partidos, es un aspecto que pone en evidencia la corrupción administrativa y las faltas de garantías en las licitaciones y contrataciones públicas. Pero en general son cuestiones relativamente simples que requieren niveles básicos de gestión. Una ciudad que no cuente con una buena puntuación en cuanto a las condiciones básicas apenas puede considerarse como una. Se trata, a falta de una mejor palabra, de dificultades materiales.

Lo que nos debe incitar a una reflexión es el puesto 14 en sofisticación y diversificación (1), el 17 en innovación y dinámica empresarial (2), y el 14 en educación superior y capacitación (3)—uno, dos, tres—que hacen parte de los cuatro pilares que caracterizan a las ciudades de desarrollo medio y alto. En esas categorías es preocupante puntuar mal porque la posibilidad de remontar el resultado no es tan fácil. Digamos que son indicadores de problemas más complejos, más conceptuales, que no se pueden arreglar con un poco de cemento y eligiendo bien a los gobernantes, sino dando un vuelco más drástico, uno que involucra niveles más elevados de abstracción y de razonamiento de la población. Por eso a mi juicio todas dependen de la valoración de la educación superior y la capacitación. Porque como ya se vio la educación básica y media es sobresaliente. Eso quiere decir que los jóvenes están saliendo bien preparados, pero las universidades e institutos de formación técnica no están al mismo nivel. Y mientras estos no provean la población estudiantil de las herramientas intelectuales que se necesitan hoy, difícilmente la ciudad podrá remontar los resultados adversos en innovación y dinámica empresarial.

Esto se presenta como un verdadero escollo en el camino para una ciudad que, para muchos, tiene gran potencial como centro universitario del sur del país, pues implica revisar con cuidado los planes de estudio e incluso la oferta académica actual. Tal vez se esté acabando la era de graduar tantos médicos y enfermeras, tantos abogados y arquitectos, tantos contadores y administradores de empresas… Quizás sea el momento de preparar más ingenieros de sistemas y electrónicos y no tanto agrícolas e industriales y mucho menos de petróleos, que es una industria en retirada por cuestiones ambientales.

A lo mejor el futuro está en las tecnologías de la información, en la publicidad y el mercadeo, en los medios digitales y las redes sociales, entre otras carreras que no se ofrecen en la ciudad… Es posible que ese renglón de sofisticación y diversificación al que no llega Neiva esté por fuera de ese reino material de políticos y componendas y corruptelas y trabajos mal hechos, por cuenta de las mordidas de las que participa desde el portero del edificio hasta el presidente de la compañía, y más bien esté en ese lugar más conceptual de las ideas y la creatividad y las ganas de hacer las cosas de manera diferente. Porque la «infatigable automatización» de la que hablaba Obama en su discurso de despedida nos dibuja un mundo donde las máquinas amenazan con dejar hasta el 80% de los habitantes de la tierra sin nada qué hacer: una competencia que ni siquiera vislumbran los candidatos que en poco más de dos semanas se quieren adueñar del poder del país, todos con sus discursos de derecha y de izquierda, enfrascados en un diálogo de sordos mientras la realidad les grita que están atrasados, anquilosados en los problemas de antaño; que lo que Neiva y Colombia necesitan es educación superior (3), innovación y dinámica empresarial (2), y sofisticación, diversificación (1)—tres, dos, uno—palabras que nunca ni siquiera se pronuncian en sus discursos mandados a recoger.

* Profesor de la Universidad Antonio Nariño - Neiva


LA GUACHAFITA