• Luis Fernando Pacheco*

Señora Católica: Reflexiones sobre la idiosincrasia latinoamericana


Foto: Retrato de Señora Católica

Afirmar que las redes sociales transformaron la forma en qué nos comunicamos es una perogrullada. Sin embargo, esta realidad suele tener aristas y particularidades propias que periódicamente no dejan de sorprendernos, y es así como en los últimos años se ha viralizado la creación satírica de personas públicas - de carne y hueso - o la aparición de personajes de la fantasía con objetivos claros en torno a crear y generar debates de opinión.

Entre estos últimos, especial asombro me causa una figura viral: Señora Católica, un curioso personaje de redes sociales que cuenta con más de 1’200.000 likes en Facebook, más de 325.000 seguidores en Twitter y una cifra cercana a las 23.000 en Instagram. Más allá de las cifras, entre los millenials latinoamericanos, esta curiosa “dama ficticia” ha llegado a implementar códigos comunes de lenguaje e idiosincrasia colectiva, llegando a “patentar” frases tales como “pecado” (con sus variantes “pecada” para hombres homosexuales y “pocodo” para lesbianas), “bendiciones para todos”, “tez humilde”, “sodomita” y que hacen parte de un estilo de crítica mordaz e irónica a la identidad social de la región.

“Madre, abuela, panista[1], defensora de la moral, las buenas costumbres y la familia”, así se identifica ella (¿o él? ¿o ellos?) en su perfil de twitter. Representa a una tradicional dama mexicana (pero identificable a cualquier país latinoamericano), conservadora, monárquica, de clase alta, involucrada en múltiples iniciativas sociales y políticas, homofóbica, elitista, racista, despectiva, pero, ante todo, profundamente cristiana.

Esta compleja descripción puede ser incoherente desde su raíz, pero en realidad representa uno de los factores más sólidos de la cultura hispanoamericana desde su mismo periodo colonial, adaptado tras la consolidación de las repúblicas, y reflejado hoy en masivos perfiles de redes sociales hechos virales. Allí reposa el éxito de este ícono de los millenials (entre los cuales aún me cuento), la creación de un código cultural que es asimilable para toda una generación desde la Patagonia hasta el río bravo y extendiéndose a la “madre patria”.

Lo que ha logrado este curioso personaje es representar en su visión social lo que diversos sectores hispanoamericanos reflejan: una profunda contradicción entre una aparente esencia de espíritu cristiano que pregona el amor al prójimo, pero que discrimina a todo aquel que pertenezca a otra clase social, grupo étnico, minoría sexual, grupo político -generalmente de izquierda- etc. Esa profunda ambivalencia, que al parecer había sido reducida tras el advenimiento del modelo neoliberal, de la irrupción de la globalización tecnológica, la caída del muro de Berlín y el retorno democrático a la mayoría del continente en realidad ha resurgido con fuerza tras el ascenso de los neopopulismos y con un evidente aprovechamiento por parte de gobiernos en teoría aparentemente democráticos (generalmente de derecha, aunque no exentos de izquierdas conservadoras como el caso de Correa en Ecuador), pero con profundas raíces totalitarias.

Esta nueva ola se vio reflejada en las multitudinarias marchas que sacudieron las ciudades peruanas, mexicanas y colombianas (por mencionar algunas) entre 2015 y 2017 y que generaron todo un debate en torno a la aparente implementación de una “ideología de género común”. Dichas movilizaciones entrañaban una profunda discusión sobre el concepto de familia (un tema aún polémico en América Latina) pero también un debate necesario sobre los derechos de la población LGBTI y de los mismos derechos de la mujer, en una de las zonas más golpeadas por la discriminación en razón al género o la orientación sexual.

Pero sus publicaciones no se limitan a la burla en torno a una agenda de tipo sexual (aunque evidentemente es lo que prima, cuantitativamente hablando), sino que evidencia una profunda segregación relacionada con los ingresos económicos o el origen étnico. Esta realidad es parte del ADN latinoamericano, una sociedad de castas quizá tan marcadas como la india y que hunde sus raíces en las divisiones establecidas por la misma España colonizadora en la época de la conquista. Todo lo anterior de la mano, claro está con una región que se ufana de ser el continente más católico del globo, fieles a la evangelización española y lusitana.

Lo impactante es que el mismo personaje no esconde la profunda incoherencia de su vida: odia y critica a los homosexuales, pero convive con su nieto que lo es y que mantiene una relación con el hijo de la Criada, aunque se empeña en ocultarlo rodeado de un halo de falsa ingenuidad. De igual forma, no se detiene al sobornar, insultar y agredir a quienes le rodean y tampoco oculta en sus relaciones sociales la profunda corrupción estatal que también identifica a América Latina.

Esta incoherencia manifiesta es la esencia regional: es la adaptación del mensaje cristiano de manera parcial, ajustada a una esquizofrenia permanente entre la vida personal y la vida pública, esto, traducido a la política se evidencia en el respaldo a candidatos o gobiernos cuestionados en materia económica y social pero que defienden valores fácilmente identificables con la defensa del statu quo y de la familia. Es la que permite que cuestionados políticos mantengan importantes índices de respaldo, aunque les persiga la justicia y los medios de comunicación señalen sus acciones poco santas con pruebas irrefutables.

Finalmente, el mérito de quienes dan vida al personaje viral incluye un profundo conocimiento de la realidad propia de cada país, que va desde sus sitios de fiesta, sus advocaciones religiosas, su panorama político o su actualidad social. Porque Señora Católica es capaz en un solo día de subir memes virales, opinar sobre las manifestaciones de violencia en Nicaragua, informar sobre las campañas presidenciales mexicanas, difundir frases de moda o ubicar los sitios de rumba gay en Bogotá. Todo ello, acompañado de una fina ironía que la convierte en un ícono regional que sería incomprensible y poco gracioso en otros lugares del globo terráqueo.

El avasallador impacto mediático de Señora Católica no se halla en la internet, sino en la habilidad de reflejar una sociedad tan similar en sí misma como agrietada desde sus orígenes.

Si Usted aún no la sigue, le invito a hacerle, puede divertirse durante horas y de paso adentrarse en un análisis etnográfico profundo de nuestra realidad. Y si no se anima a hacerlo, en palabras de ella misma “pecado y no bendición del señor”.

[1] Hace referencia al PAN (Partido de Acción Nacional) de México, fundado a mediados del Siglo pasado y que se identifica con la derecha católica del país azteca, a partir de una habitual simbiosis entre liberalismo económico y conservadurismo moral. Este fenómeno es muy habitual y -aunque con leves variantes- halla homólogos en el Partido Conservador Colombiano, la Socialdemocracia cristiana chilena, el PP español o el COPEI venezolano.

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* Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Académico por vocación. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y Candidato a Magister en Relaciones Internacionales. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de Paz y Derechos Humanos de Neiva (Colombia)

Miembro del equipo fundador del Portal Independiente La Gaitana.


LA GUACHAFITA