• Katherin Torres*

Una columna más sobre la corrupción y los abogados


Foto: El Colombiano

Tristemente por estos días resultan cada vez más comunes las noticias de corrupción que involucran a algunos funcionarios de la Rama Judicial (jueces o fiscales) y profesionales del derecho. Hace pocas horas los titulares de los periódicos regionales informaron de la captura de dos jueces, un fiscal y un abogado defensor de Mocoa, quienes están siendo judicializados en Neiva, presuntamente por favorecer a ciertas personas a cambio de altas sumas de dinero.

No podemos olvidar el deshonroso récord que logró el Magistrado de la Corte Suprema de Justicia Gustavo Malo hace algunos días, al convertirse en el primer magistrado separado de sus funciones, en virtud del nuevo reglamento adoptado por dicha corporación; como consecuencia de las investigaciones que se adelantan en su contra por “engavetar” un proceso contra el ex - senador Musa Besaile.

A pesar de las diversas estrategias que ha adelantado la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo, la adopción en el año 2012 del Código Iberoamericano de Ética Judicial, parece que aún falta mucho para eliminar de manera definitiva, la corruptela que existe en ciertos sectores de la profesión. Sin embargo, considero que la expedición de normas o leyes que tengan por finalidad evitar la corrupción, constituyen paños de agua tibia que no ahondan la raíz del problema que está relacionado con el aspecto ético y moral. Ya la academia ha documentado que las leyes no solucionan en definitiva los problemas sociales[1].

En efecto, la ética es un curso que se enseña en muchos los planes de estudio universitarios; pero al parecer se ha quedado en simples ejercicios discursivos – y en algunos casos aislados – que tal vez no tienen mucha trascendencia en el día a día del profesional. Llegando a que algunos sectores académicos se cuestionen incluso si la ética o la moral pueden ser enseñadas[2].

Pero: ¿qué debemos entender por los conceptos de ética y moral?, ¿para qué sirve la ética?, ¿qué es la honestidad profesional y la integridad?,¿cuál es el escenario ideal de ética al que aspiramos como sociedad?, ¿cuál es la función que los abogados/jueces deben cumplir en la sociedad? Creo que antes que instarnos a ser más virtuosos, debemos brindarles una respuesta a esos cuestionamientos, reflexionando desde nuestras propias realidades y dinámicas sociales.

Creo que estas discusiones deben realizarse en el aula de clase, no sólo entre estudiantes, sino también entre docentes, directivos y colegas, para que la vida académica no se convierta en una simple memorización de normas, códigos y sentencias, sino que trascienda hacia una formación de profesionales respetuosos, probos y críticos, aspectos que no se enseñan solo con las palabras, sino también con el ejemplo; bien lo dijo Rousseau: “Allí́ donde la lección no esté sostenida por la autoridad y el precepto por el ejemplo, la instrucción resulta infructuosa y la misma virtud pierde su crédito cuando está en boca de quien no la práctica

PD: Mientras escribo estas líneas, se está adelantando el acto de sustentación de las propuestas de los candidatos que aspiran a la decanatura de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, del cual soy egresada. Esperamos que quien asuma las riendas del programa, le apueste a un proceso de humanización de la profesión, tan necesario para estos días.

* KATHERIN TORRES P.

Grupo de Investigación DIÁLOGOS.

[1]La creencia de que la norma soluciona la realidad social es un fenómeno muy arraigado en Colombia y se ha denominado “fetichismo jurídico”.

[2]Ver por ejemplo la columna de Nicolás Parra Herrera publicada el 22 de marzo de 2018 titulada: ¿es la ética enseñable? Disponible en: https://www.ambitojuridico.com/noticias/etcetera/educacion-y-cultura/es-la-etica-ensenable.


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