• Ingrid Lozano Suárez

Entrevista al poeta del valle y del ocultismo


Foto: El Universal

Después de haber ganado numerosos premios como el Concurso Nacional de Poesía Euclides Jaramillo Arango de la Universidad del Quindío; los concursos nacionales de poesía de las universidades Tecnológica de Bolívar y Antioquia; el Premio Internacional Literario “David Mejía Velilla” de la Universidad de La Sabana y el Premio en la IX Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera, Winston Morales Chavarro fue elegido Premio Excelencia 2018 por el Círculo de Periodistas del Huila (CPH), según se anunció luego de la última asamblea general de esa organización gremial, llevada a cabo en Neiva. Aquí una entrevista con el poeta del ocultismo: Ingrid Lozano: En su texto “Poéticas del Ocultismo” vemos una fuerte influencia del budismo en su poesía Winston Morales: Se puede afirmar que en versos citados del poeta Maerterlink “Nada, es decir, la nada donde lo que no existe/ no es posible más que a condición de llegar/ a serlo todo, es decir aquello que es”, considera que la poesía explica el cosmos.

I.L: ¿Por qué propone la poesía como una filosofía para América? W.M: La poética es la primera filosofía de la que el hombre tiene noticia. Es a través de la poética, como acto y acción de la naturaleza, que el hombre comienza a interpretar el mundo y a relacionarse con él, pero no desde una relación lineal, pasiva o estática, sino desde la interacción, el alumbramiento, la revelación y la epifanía. La poética, que no era racionalidad pura, es ese mecanismo que llega al hombre antes de que el hombre llegue a ella. La poética, como manifestación o voz o vibración de lo inhóspito, de lo invisible, de lo oscuro o de lo desconocido, empieza a decodificar esas palabras mudas, carentes de sonidos y se las entrega al hombre para que éste establezca una comunicación de doble vía, bidireccional, de afuera hacia adentro, muy en lo profundo del ser. Y es a través de la poética que el hombre aprehende la voz de los cristales, el canto de la noche, los himnos de los insectos. Llegó un momento en el que el hombre era capaz de leer y de escuchar la música más honda, más profunda, más secreta.

Lastimosamente existió un momento, no se sabe cuándo, en el que el hombre perdió su conexión con su propio corazón, con esa natura que le hablaba y le prodigaba sus más remotos lenguajes. Una desconexión que se hizo más evidente cuando la naturaleza dejó de ser un sujeto y se convirtió en un objeto, cuando ella, Natura, empezó a mirarse con utilidad. De modo que la poesía siempre será una filosofía, no sólo para América, pues la poesía no sabe de fronteras ni de constructos humanos, sino para todos los territorios donde exista un hombre que sea capaz de leer y volver at​á​vicamente al origen. I.L: Leí su texto "Dios puso una sonrisa sobre su rostro" mientras escuchaba a Coldplay, es un placer literario, sobre todo en "Politik" y "God put asmile upon your face" sientes los acordes del universo, es la percepción del tiempo, y es la ruptura del silencio. ¿Por qué poner una sonrisa al lector a través de la música y las letras; y cuál es la función de la poesía? W.M: La poesía y la narrativa también son matemáticas, no sólo por esa numerología inherente a todo texto simbólico, sino también por el ritmo y el compás como entidad métrica que supone la composición mental y quizás inconsciente de la escritura. Escribir es un ejercicio de arquitectura y cada ladrillo que pones en la construcción del texto, cumple un papel preponderante en el equilibrio de dicha edificación. Cuando lees un texto, sobre todo en voz alta, puedes descubrir su música interna, su tono musical, su ritmo equilibrado o no, su métrica, que quizás no sea otra cosa que el p​á​lpito de quien escribe. No sé si mi condición de músico frustrado en instrumentos musicales (estudié solfeo, guitarra, piano y batería) me llevó a tratar de hacer música con palabras; de allí que la música esté presente en todo lo que escribo. Y es ese sonido, esa sonoridad casi imperceptible, lo que quizás seduce el oído de quienes me leen. La función de la poesía es aumentar ese misterio y ese maridaje inquebrantable entre matemáticas, música y escritura.

"Escribir es un ejercicio de arquitectura y cada ladrillo que pones en la construcción del texto, cumple un papel preponderante en el equilibrio de dicha edificación".

I.L: En "Dios puso una sonrisa sobre su rostro" vemos que tiene una gran influencia de W. Butler Yeats. ¿Qué deseaba expresar al emplear la hibridación de los géneros en el texto Dios puso una sonrisa? W.M: Honestamente no pensaba nada; sólo quería escribir, que es en últimas esa necesidad de expulsar lo que a lo mejor subyace adentro. Quizás "Dios puso una sonrisa sobre su rostro“ no sea otra cosa que la puesta en el papel de una narrativa que se escribía desde el inconsciente, o que se fue escribiendo por si sola o motivada por una experiencia de vida ya escrita desde mucho tiempo atrás (lo que llaman experiencias humanas). Lo que sí puedo decirte con total certeza es que el detonante fue la canción "Spark", de Coldplay. "Spark" comenzó a sonar y yo comencé a escribir, pero antes de "Spark", antes de Coldplay, sucedieron cosas como la casa bomba en Villa Magdalena, mi trabajo en el hospital universitario Hernando Moncaleano y otra serie de situaciones y sensaciones que ahora no logro precisar, pero que afectaron sin duda alguna, mi manera de percibir y concebir el mundo. Tal vez influyeron en mí la física cuántica y la teoría de la relatividad y el principio de incertidumbre, y eso quise plasmarlo como si la novela fuera un cuarto de espejos. Los espejos eran las cartas de la adolescente que muere en el atentado del club El Nogal y cada una de las canciones de Coldplay que sonaban en la cabeza de la adolescente después de muerta. I.L: ¿Ser un poeta reconocido a nivel internacional y obtener premios de la Universidad de la Sabana, Harvard, ser invitado a la FILBO y a otras ferias internacionales, le ha hecho sentir como Lázaro o Caín en su propia ciudad​?​ W.M: Todos los seres humanos, anónimos e inéditos, cargamos con la cruz de la indiferencia, de ahí el éxito de las redes sociales, donde ilusoriamente creemos que nos ven. Ni soy un escritor leído ni soy un escritor publicado. Es más: desde mi condición de viajero me atrevería a decir que esa fantasía del autor conocido no existe, es mera ilusión. Lo natural del mundo es la impermanencia y nadie permanece más allá de su propio ego y de su propia vanidad. Poetas y escritores famosos son sólo pretextos de un canon que cada vez interesa menos al público.

"Siempre lo he dicho: en el Huila hay buena literatura y para rato. Lo que sucede es que nuestra clase dirigente, incluso la académica, es muy torpe y la literatura, como la cultura misma, no entra en correspondencia con su torpeza y mirada cortoplacista de la realidad".

La literatura siempre ha sido marginal. Ni Cervantes ni Shakespeare, con toda la validez de su obra, son escritores masivos. Puedo decirte que hay miles, millones de personas en el mundo que nunca han leído un libro y que ni les interesa leerlo (y no por eso son menos inteligentes o felices). También hay miles, millones de personas que no saben quién es García Márquez o Adam Mickiewicz. El nicho literario es muy reducido y si eso pasa con escritores de renombre editorial, ¿te imaginas lo que sucede con un poeta de la periferia? Hace años mi amigo Jader Rivera dijo a manera de broma que él era el poeta más famoso de su casa. Esa frase de Jader, que parece un chiste, es bastante profunda y muy seria. Tú puedes leer en Harvard, en el Northern Essex Community College, en la Universidad de Cracovia, pero eso sólo lo sabes tú y tu hoja de vida, quizás un par de amigos; mas te puedo garantizar que mañana ya nadie lo recuerda y que el peso de la impermanencia termina aplastándolo todo.

I.L: La voz del poeta “A dónde irán los días transcurridos” evoca la muerte de los poetas ¿considera que la literatura es un renacer o una catarsis​?​ W.M: Las dos cosas. La literatura y las manifestaciones del espíritu en general, son muerte, renacer, catarsis, renuncia e iluminación. He muerto muchas veces a través de mis libros y he renacido también a través de ellos. Mas también he sido el otro a través de la poesía, he sido los otros y he usado con absoluta certeza sus zapatos. A través de la literatura somos otros: cuerpos visitados por medio de las palabras. Porque uno no escribe para ese yo que nos habita, sino para ese ejército que cohabita con nuestro yo hegem​ó​nico y con el que negocia ciertos espacios de la geografía personal para encarnar en una geografía colectiva. Entonces es donde la literatura tiene validez: cuando no pertenece al escritor, sino a quien es capaz de apropiarse de ella y vive su propia vida a partir de un supuesto literario. I.L: ¿Cómo ve el panorama de la literatura en el Huila, en especial de la poesía en Neiva?

W.M: Siempre lo he dicho: en el Huila hay buena literatura y para rato. Lo que sucede es que nuestra clase dirigente, incluso la académica, es muy torpe y la literatura, como la cultura misma, no entra en correspondencia con su torpeza y mirada cortoplacista de la realidad. Para muchas personas en el Huila lo trascendental es lo inmediato y lo evanescente. Y no lo digo sólo yo; lo dijeron en su momento José Eustasio Rivera, Gustavo Andrade Rivera y Humberto Tafur Charry. En el Huila podría haber nacido Cervantes y ningún dirigente político se habría percatado de ello. La dirigencia en el Huila no tiene ojos para el arte y la cultura. Murió el poeta Guillermo Martínez González y pocas personas si acaso supieron de su existencia. Lo mismo sucede con Benhur Sánchez, un hombre para quien el Huila ha sido absolutamente ingrato. Parece que el chistecito de los cangrejos opitas se cumple a cabalidad, o es acaso la opitofagia lo que no nos deja crecer como grupo social y cultural. I.L: Winston Morales, el hombre, es escéptico o esperanzador frente a la situación política del país, de una país polarizado y desinformado. W.M: Frente a la vida tengo una mirada optimista, pero frente a Colombia la mirada se nubla y se llena de cataratas y orzuelos. Espero que en el país de los sordos logremos escuchar el final de un himno que se repite intermitentemente como disco rayado.


LA GUACHAFITA