• Carlos Tobar

La elocuencia del silencio


Foto: Infobae

Una impresionante movilización de miles de jóvenes a lo largo y ancho de los EEUU, está sacudiendo hasta los cimientos la sociedad norteamericana. La llamada Marcha por nuestras vidas, que tuvo su principal concentración en Washington D.C., se realizó para recordar las 17 víctimas de la matanza de la escuela Stoneman Douglas de Parkland, Florida; el último de los siniestros que, con indeseable frecuencia, viene asolando a ese país, producto, entre otras causas, del comercio ilimitado de armas de fuego, particularmente fusiles de asalto. Estos hechos de violencia, aunque generalizados en todos los sectores sociales, se han ensañado, particularmente, en instituciones educativas: escuelas de primaria, secundaria y universidades, dejando decenas y decenas de muertos y lesionados, niños y jóvenes norteamericanos que, parecieran las víctimas predilectas de una barbarie desmedida en una sociedad enferma.

El emocionante acto de Washington se cerró con la intervención de Emma González, una estudiante superviviente del ataque demencial, quién recordó a cada una de las víctimas trabajadores y estudiantes, mencionándolos por sus nombres, para luego completar 6 minutos y 20 segundos (el tiempo que duró el asesino disparando a gente inerme), guardando doloroso silencio en sentido homenaje. Un silencio impresionante que, restalló en los aires más fuerte que un inmenso grito de la muchedumbre. Cerró su intervención llamando a la acción a todos los norteamericanos, especialmente a los jóvenes que han tomado las banderas de la resistencia contra el uso de las armas.

Esta movilización liderada por la juventud, pero acompañada por personas de todas las razas, estratos sociales, sin diferencias de credos políticos o religiosos es la más reciente reacción social, orientada a exigir la prohibición del comercio libre de armas de fuego, un “derecho” consignado en la Constitución de los Estados Unidos de América, conocido como la Segunda Enmienda. “Hartos de la indiferencia que impregna este país, nos dimos cuenta de que no necesitamos esperar a que nuestras voces se escuchen o a que alguien más haga cambios: nosotros tenemos que ser el cambio que necesitamos”, escribió la joven González. Con esa enseña como guía y con el eslogan de “Nunca más”, esta batalla por modificar la norma constitucional está tomando cuerpo. Han logrado convocar no solo a la sociedad civil, sino a la clase política, incluyendo miembros de los partidos demócrata y republicano, grandes empresas de todos los sectores económicos, así como medios de comunicación y redes sociales.

Es tal la fuerza del movimiento, para que hechos como los de Parkland, o de Columbine Colorado (la primera gran matanza en los colegios estadounidenses en 1999), no se vuelvan a presentar que, ha puesto contra la pared a la poderosa Asociación Nacional del Rifle, la organización defensora a ultranza de la posesión y porte de armas por particulares. El mismo presidente Trump, quién fue apoyado por esa poderosa asociación, no ha podido aplacar la ira popular contra la Segunda Enmienda. La batalla por el derecho a una sociedad libre de la violencia y el miedo se ha vuelto imparable. ¡Que así sea!


LA GUACHAFITA