• Illia Collazos

Leer es gratis. Aplican condiciones y restricciones


Si usted está teniendo el placer de leer esto gratis, entonces degústelo, léalo hasta el fondo y si es necesario, devuélvase en cada palabra, porque con el tiempo, si la tendencia continúa, gran parte de los diarios empezarán a cobrar por su contenido digital.

Foto: El Espectador

En un mundo donde la información y comunicación podían vanagloriarse de ser “democráticas”, populares y sobretodo gratuitas, algunos medios de comunicación están haciendo ajustes dentro de la disponibilidad de sus contenidos digitales, con el argumento de apoyar un periodismo veraz y hacerle frente a lo que es en este momento la principal molestia de esta nueva ola del periodismo: las fake news. Por supuesto, los primeros en hacerlo serán los medios prestigiosos que gozan con el favor de gran parte de la audiencia y quienes por el momento, serán los únicos que podrán darse el lujo de elitizarla.

En Colombia tenemos un ejemplo particular y no menor. Después de 131 años de historia periodística y con la gloria de haber tenido dentro de sus filas a periodistas de oficio emblemáticos, - como el Nobel Gabriel García Márquez -, el diario El Espectador anunció a través de su Editorial que empezará a cobrar por sus contenidos digitales. Aunque en mi última navegación pude leer con la misma facilidad de siempre los contenidos ofrecidos en la web, presiento que muchos de ellos están ocultos para un usuario que sí quiera/pueda pagarlo.

Revista Semana hace algo similar, aunque más disimuladamente. Gran parte de sus artículos redirigen a una página en donde se avisa al lector sobre la disponibilidad del contenido únicamente para suscriptores, pero sin privarnos del todo, pues pese a la advertencia, aún podemos acceder a tales contenidos tan sólo con loggearnos con alguna red social o mail, sin que nos cobren nada. Parece muy noble el accionar, pero como sabemos aquellos que trabajamos en digital, no hay nada en Internet que sea realmente gratis: por supuesto, Semana está obteniendo información de sus lectores que puede usar posteriormente de manera publicitaria.

Y hablando de publicidad, resulta particular que en un mundo casi totalmente digitalizado, donde esta podría sostener gran parte de las publicaciones online, diarios como El Espectador opten por hacer el acceso aún más selectivo. Estoy convencida, como lo afirma la Editorial que anuncia el cambio del diario, de que hay una problemática a solucionar de parte de aquellos que ejercen la profesión, no sólo porque el acceso ahora es masivo, sino que además la información considerada legítima, fidedigna y probada por fuentes, perdió todo tipo de valor. Ese periodismo en el que el jefe de redacción exigía por lo menos tres fuentes para publicar un hecho, ya no se practica en gran parte de las publicaciones online.

Hacer periodismo hoy es barato, baratísimo para ser francos, tan barato que parece fácil replicar noticias sin verificarlas, pero ¿la solución es cobrar por el acceso a la información? Creo que, lejos de estar blindando el periodismo, El Espectador está brindándole a los medios desinformativos, aquellos que copian y pegan noticias, aquellos que no tienen periodistas sino redactores esclavizados en una computadora y que se la pasan todo el día buscando algo que les suba el tráfico y quizá con ello conseguir un aumento, la oportunidad de crear más fake news, más desinformación y por lo tanto, más ignorancia.

Destaco y admiro la iniciativa del diario El Espectador. Es atrevida, disruptiva e incluso podríamos decir, ética; pero todavía me quedan dudas acerca de que esa sea la solución que le devuelva al periodismo el romanticismo que nos conquistó a aquellos que decidimos estudiarlo y quizá abandonarlo, porque él ya nos había traicionado primero.


LA GUACHAFITA