• Luis Fernando Pacheco*

Confrontando la filosofía. Sobre el éxito de Merlí, la famosa serie catalana


Foto: Página Oficial www.netflix.com

Hace un fin de semana terminé la serie Merlí, producción catalana transmitida por NETFLIX, el coloso de la televisión por suscripción. Sin hacer spoilers innecesarios, Merlí aborda la historia de un grupo de adolescentes catalanes estudiantes de escuela pública, sacudido por la llegada de un irreverente y poco ortodoxo profesor de Filosofía que removerá su manera de ver la vida. De fondo, las habituales historias de vida de jóvenes y docentes en sus respectivos entornos familiares y emergiendo de la comodidad de la vida adolescente.

Visto de esta forma, Merlí no parece ser diferente del cliché que Estados Unidos acuñó en los 80’s y que se convierte en un permanente refrito en la televisión de cualquier país occidental. Pero la magia de esta producción recae en su centro temático; sus creadores aprovechan las realidades cotidianas para enfrentarse a uno de los grandes problemas del aprendizaje: convertir a la filosofía en un cuestionador y no en un discurso repetitivo ajeno a nosotros mismos.

Con un esquema desafiante, cada capítulo de la serie aborda la perspectiva de un filósofo (que va desde los presocráticos hasta el polémico rock-star de la filosofía contemporánea, el esloveno Slavoj Žižek), sin que necesariamente haya orden cronológico y conceptual. De fondo, las teorías expuestas por un maestro, brillante en lo pedagógico y ampliamente cuestionable en lo moral, frente a las realidades que pueden ocurrir en cualquier escuela del planeta tierra.

Pero la serie tiene otros atractivos: en primer lugar, aunque tiene un formato explorado por la televisión desde sus mismos inicios su contexto de una Cataluña que hierve por la eventual separación de España y las implicaciones de ello en la vida de sus miembros, sin que ello la convierta en una serie activista (puesto que no pretende serlo).

En segundo lugar, la figura de Merlí (encarnado de forma magistral por el actor Francesc Orella) lidia bastante bien con la dicotomía docente-persona. El profesor de Filosofía resulta ser un pedagogo formidable, comprometido con sus alumnos y con su vocación, sin que ello impida ser un cuestionable sujeto desde lo moral, infiel, cobarde, indiscreto, e incluso con mucho de manipulador. Para alguien que ha dedicado su corta vida profesional a la docencia, no deja de ser cuestionador la paradoja que encarna Merlí Bergeron: se puede ser un formidable profesional y educador, pero tener “tareas pendientes” en la vida personal. No deja de ser reflexivo pensar cuanto daño puede ser la admiración sentimentaloide por parte del discípulo y hacia el maestro sin comprender que este ante todo es humano.

Pero probablemente, la mayor virtud de esta serie rupturista es que aunque sintetizar los grandes aportes de los más brillantes hombres y mujeres del mundo en tres temporadas no solo es pretencioso, sino que raya en lo imbécil, Merlí se vuelve una excusa para “desempolvar” la filosofía y hacerla útil en medio de una sociedad que cada vez “hace más” pero “piensa menos”.

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*Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Académico por vocación. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y Candidato a Magister en Relaciones Internacionales. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de Paz y Derechos Humanos de Neiva (Colombia).

Miembro del equipo fundador del Portal Independiente La Gaitana.


LA GUACHAFITA