• Manuel Rincón*

Distorsionar la realidad


Foto: Ética Segura.

A una semana de las elecciones legislativas en Colombia, la Registraduría ha advertido un plan de contingencia para evitar posibles ataques electrónicos a su estructura de reporte de resultados. El Presidente de la República así mismo insistió en la importancia de blindar los mecanismos electorales de la intervención odiosa por parte de involucrados de todo tipo [1]. Con el trasfondo bullicioso de la intervención rusa en las elecciones estadounidenses, el fantasma del engaño electoral y del fraude ha ocupado un lugar privilegiado en las discusiones sobre participación en las democracias latinoamericanas. La paranoia por la vulnerabilidad de los sistemas electrónicos ha sido evidente con el creciente rechazo a propuestas como el voto digital o a novedades como el censo en línea.

Si bien la preocupación por la salud de nuestra democracia es bienvenida, que el foco de atención sea en el avance tecnológico de nuestros sistemas electorales eclipsa una amenaza aún más tangible relacionada con el contexto de posibilidad de la democracia. La crisis propia de nuestra era afecta los cimientos de la política a través de la flaqueza en los ámbitos personal y social. La optimización de nuestros sistemas informativos – redes sociales, medios de comunicación masiva, periodistas independientes, etc – ha propiciado la vulnerabilidad a la propaganda y a la desinformación a tal punto que amenaza la misma credibilidad de los hechos.

"La paradoja de las tecnologías de la información es que han logrado satisfacer con tanta eficacia nuestro deseo de certeza e inmediatez que nos han hecho apáticos con la realidad".

En Colombia, estas discusiones tienen vieja data. Los escándalos de los “hackers” en las campañas presidenciales de 2014 y de las “falsas noticias” para el plebiscito de 2016 apuntan a síntomas de la disputa electoral en nuestra época. El objeto de la campaña política es cada vez menos la victoria sobre la opinión transitoria de los electores sino el anclaje a un sistema de hechos reconocible para este e identificable con una posición política. La paradoja de las tecnologías de la información es que han logrado satisfacer con tanta eficacia nuestro deseo de certeza e inmediatez que nos han hecho apáticos con la realidad. El establecer la realidad de un hecho siempre ha sido una tarea monumental. Sin embargo, las facilidades informativas de las nuevas tecnologías – que cualquier duda pueda ser resuelta mediante un ‘pregúntele a Google’ – han empujado el escepticismo frente a los hechos a canales sociales cada vez más tribales: ¿qué ocurre cuando no estoy seguro de que lo que veo frente a mis ojos es verdad?

Si el panorama parece alarmista, distópico o conspiratorio, los hechos no se quedan atrás. En Estados Unidos, uno de los hallazgos de la investigación al sabotaje ruso de las elecciones es la organización de ambos bandos en una protesta política por parte de coordinadores rusos [2]. Tanto grupos xenófobos como activistas sociales fueron manipulados a través de redes sociales para manifestarse en el mismo lugar y a la misma hora en el marco de operaciones de inteligencia rusa.

Más allá de los anuncios falsos en Facebook o las cuentas automatizadas en Twitter, las tecnologías que permiten distorsionar la realidad están avanzando a una tasa mucha mayor que nuestra capacidad para mitigar la desconfianza que estas generan. A través de procesos de aprendizaje computacional automático, la Universidad de Washington demostró a mediados del año pasado su capacidad para sintetizar video a partir de una cinta de audio de Barack Obama, con resultados sorprendentes[3]. Si es posible hacer que un candidato político diga cualquier cosa en video ¿para qué escucharlo en absoluto?

La inevitabilidad de la difusión de estos procedimientos entre la sociedad puede tener consecuencias nefastas para el funcionamiento de nuestros sistemas políticos. Bombardeadas constantemente con desinformación, las personas pueden renunciar ante la tarea misma de informarse, desistiendo de los mínimos de generación de opinión funcionales en una democracia: la primera víctima de la perdida de fe en la realidad es la perdida de fe en la realidad política.

*Politólogo de la Universidad del Rosario

Referencias

[1] http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/02-2018-registraduria-se-blinda-contra-hackeo-a-sistema-de-informacion-en-elecciones

[2] https://motherboard.vice.com/en_us/article/ywb9kx/nyc-trump-election-protest-hack-russian-agents-trolls-government

[3] https://www.youtube.com/watch?v=MVBe6_o4cMI


LA GUACHAFITA