• Angélica Ortiz

Nuestros derechos políticos


Entre renovación, continuidad; candidatos alternativos y los políticos tradicionales, emerge la elección del Congreso de la República de Colombia. Se constata falta de pedagogía y un exceso de estrategias de posicionamiento electoral.

Foto: El Tiempo

Desde inicios del año hemos visto el despliegue político por la nueva organización del Congreso de la República de Colombia; hemos sido los partícipes de actividades políticas, rumbas, basares, reuniones y tertulias pedagógicas, que a final de cuentas nos determinan el nivel de importancia que muchos le dan a la contienda electoral.

Pero más allá de la propaganda electoral, que en ocasiones termina irrumpiendo la tranquilidad de muchos y genera contaminación visual, la actividad política sigue siendo la tradicional, es decir, basada en el clientelismo, la compra de conciencias y finalmente la disputa ideológica sin argumentos profundos. Recorrer el país haciendo pedagogía política me ha permitido conocer a grandes rasgos la dinámica electoral en Colombia, hoy puedo asegurar que nos falta recorrer un largo camino para ver idealizada una democracia plena, participativa e incluyente.

Desde recorrer la costa Caribe colombiana hasta pasar por la región andina y finalizar construyendo política en el departamento del Huila, puedo reconocer elementos que fortalecen mi hipótesis, a continuación, las explico:

En Colombia nos falta pedagogía política, son muchas las vallas publicitarias, el exceso de información cargada de herramientas de marketing político y estrategias de posicionamiento electoral, e infinidad de volantes, tarjetas, manillas y botones que desbordan las calles luego de que la población las recibe y finalmente arroja en el primer espacio público que encuentra. Uno de los medios masivos en Colombia ha intentado a través de una herramienta política la motivación de mostrar posturas políticas frente a los temas más relevantes de la situación actual del país. Sin embargo, aún no tenemos el criterio de observar, analizar y comprender las propuestas de los candidatos en el devenir social de los colombianos.

Por ende, ¿lograremos aprender en las próximas elecciones a escoger los candidatos idóneos? Quizás no, lastimosamente nos falta aprender un poco más e indagar a profundidad sobre los políticos que ofertaron su nombre para representar a los colombianos y sus necesidades. En segunda instancia, por la falta de conocimiento e indagación de las propuestas seguimos recayendo en la corrupción tradicional en época electoral, nuestro voto lo estamos regalando por una cantidad de dinero.

Para poder explicar mejor la cuestión toquemos el bolsillo del ciudadano: Si en un hipotético escenario, un candidato ofrece $100.000 pesos por el voto, en realidad usted está recibiendo realmente $64 pesos diarios por la compra de su derecho más importante en la democracia colombiana. Si lo comparamos en la economía actual, esta cantidad de dinero no alcanza ni siquiera para la compra de un producto real de la canasta familiar que sobreviva unos cuantos días.

Finalmente, la oportunidad de escoger un nuevo Congreso está en nuestras manos, la decisión de mantener “a los mismos” o darles oportunidad a nuevos líderes con nuevas ideas; la política y la renovación de la misma no solamente radica en la participación plena de las juventudes, sino también de la voz de la experiencia de los mayores quienes definen nuevas corrientes bajo los parámetros de las vivencias, las memorias y las crónicas que han alimentado la historia de nuestro país.


LA GUACHAFITA