• Carlos Tobar

La plaga de la desigualdad


Foto: radio.uchile.cl

El problema más grande del mundo hoy es la desigualdad social que, en el fondo, tiene que ver con la distribución de la riqueza. Unos pocos que tienen mucho y muchos que tienen poquísimo. Para dar un solo dato: durante los últimos 35 años, el 1 % más rico de la población global se ha beneficiado de un 27 % del crecimiento, mientras que el 50 % más pobre solo ha participado de un 13 % de ese mismo crecimiento. En Colombia la situación no es diferente; incluso es más aguda. Muchos estudiosos, señalan que, por ejemplo, entre trabajadores informales y desempleados suman el 70% de la población. Un dato que explica, los hechos gravísimos de inseguridad que proliferan en la sociedad, o el bajo cubrimiento de los servicios sociales de protección a la población más pobre. Esta situación, la reconocen ya todos en el mundo social y político de país. Es imposible negarla. Lo que no se reconoce, es que son consecuencia de la aplicación de las políticas de libre comercio.

Una característica es que los gobiernos son cada vez más pobres y están endeudados, mientras que los individuos y las corporaciones privadas tienden a ser cada vez más ricos. Ello es producto de la reducción de impuestos a los más pudientes. Lo que lleva a problemas fiscales, los ingresos públicos que, son fundamentales para la construcción de infraestructura, su mantenimiento, las inversiones en servicios sociales (educación, salud, atención a la niñez y la tercera edad), seguridad, etc. Incluso en los países ricos, Europa, Japón y los Estados Unidos, los gobiernos enfrentan déficits inmanejables, que limitan su capacidad de aplicar políticas redistributivas.

Qué no decir, de los países de la región. Durante la última centuria, América Latina se ha caracterizado por la desigualdad. Brasil y Colombia, son ejemplos negativos de tal situación. Es la herencia de un proceso de descolonización en el que, tareas fundamentales como la democratización de la tierra, no se culminaron. Y, en el que la formación de los nuevos estados democráticos se vio interferido por el poder de los grandes países capitalistas que terminaron imponiendo reglas de juego desventajosas, que las élites en el poder aceptaron porque les significó ventajas temporales.

Hoy la desigualdad, que se ha generalizado en el mundo entero, está pasando cuenta de cobro, ya no solo en los países en desarrollo con sus sociedades deformadas y débiles, sino en los países ricos donde la globalización marginó a sectores cada vez más grandes de la clase media y la clase de los obreros fabriles. La inestabilidad política que afecta a las mayorías sociales, tiene patas arriba el orden que se instaurara después de la II Guerra Mundial. No hay fórmulas mágicas para revertir este proceso, pero la conversación sobre la igualdad debe cambiar. No es una mera lógica de mercado la que va a corregir los profundos desequilibrios, pues la riqueza tiende a acumularse por su propia naturaleza.


LA GUACHAFITA