• Delimiro Moreno

El difícil equilibrio


La exigencia de la comunidad de recibir una información completa, imparcial y equilibrada, y su derecho a obtenerla así, es el más serio desafío profesional de los periodistas.

Foto: En Fanzine Tv.

Nadie puede exigirnos una “objetividad” imposible porque los periodistas no somos “objetos” sino “sujetos”, y por lo tanto actuamos “subjetivamente”, de acuerdo con nuestra educación, nuestros intereses, nuestras ideologías, nuestro medio ambiente, pero sí tienen derecho a que les informemos de mancera completa, sin ocultar ningún elemento esencial de la noticia; imparcial, hasta donde ello es posible, y equilibrada, sin perjudicar a ningún actor de ella.

Esto, en cuanto al periodista que tiene como misión profesional informar. Porque cuando se trata de editorialistas y columnistas, a los elementos anteriores que tienen que respetarse, se agrega el derecho a divulgar su propia mirada sobre los hechos, exponiendo su subjetiva opinión sobres ellos. Es lo que se llama LIBERTAD DE EXPRESIÓN, que es la base de la democracia, de la libertad de prensa y de la convivencia.

No es fácil mantener el equilibrio en todas las oportunidades. El lente con que se mira, si soy partidario o estoy en la oposición de un funcionario público (presidente, gobernador, alcalde, juez, congresista, diputado o concejal), modula de tal manera la información y sobre todo la opinión, que un mismo hecho da lugar a diversas interpretaciones. Ser imparcial, no incurrir en falsedades (las posverdades tan en boga en esta época) es bien difícil.

Y no lo logran sino mentes experimentadas, con sabiduría capaz de comprender al otro, de no desvirtuar malévolamente sus intenciones, de no acusarlo de lo que no es responsable, aunque sí lo sean sus subalternos y amigos. En el juicio a los gobernantes, en particular, la dificultad se acrecienta. El afán de defenderlo, cuando se es su partidario, o de atacarlo sin misericordia, cuando se está en oposición, distorsiona el criterio mismo de la información y la opinión.

Hay que hacer, pues, un llamado a tirios y troyanos, a conservar el difícil equilibrio, a no distorsionar la realidad para someterla al lecho de Procusto de nuestras propias ideas y aspiraciones. Sacar de los hechos conclusiones y teorías y no someterlos a que se adapten a nuestras ideas y prejuicios, porque esa ha sido la tragedia de grandes líderes: querer someter la realidad a que se comporte conforme a nuestras ideas preconcebidas.


LA GUACHAFITA