• Delimiro Moreno

Ni tanto que queme el santo ni tan poco que no lo alumbre


(Advertencia preliminar: Las siguientes palabras son expresión de mis opiniones personales, que no comprometen a nadie más que a mí, su autor. Advierto, pues, que no me arrogo la vocería de la Administración y el alcalde Lara, porque NO LA TENGO, y mis deberes derivados del contrato de prestación de servicios a la Alcaldía que se refieren a la corrección de unos textos y a la asesoría periodística e histórica, no influyen en nada en ellas, pero se reconocen por elemental respeto a los lectores)

Foto: Cortesía Opanoticias

La justa reacción de la ciudadanía por la suspensión del servicio de agua en las últimas horas, debido a los trabajos de construcción de una obra básica para el futuro de la ciudad, puso en el primer plano de la actualidad la situación de la Ceiba, la Empresa de Servicios Públicos de Neiva, cuyos problemas y falencias no son responsabilidad única de la actual administración, sino que vienen desde su fundación misma, hace más de 40 años. Primero, la empresa fue el refugio del clientelismo, con la Industria Licorera del Huila, dedicada a pagar servicios políticos con empleos no siempre necesarios.

Después, se convirtió en la Caja Menor de los alcaldes de turno y la dependencia ideal para entregar jugosos contratos a sus patrocinadores económicos en pago a sus aportes en el debate que los llevó a la alcaldía, y hasta para hacer los ahorros necesarios para aspirar a otras posiciones, como la Gobernación y el Senado. La opinión exigía unas empresas públicas como las de Medellín, que no solo no exigen ni necesitan fondos del presupuesto municipal para su funcionamiento, sino que le aportan a ese presupuesto billonarias sumas.

A ese reto se enfrentó la actual administración. Cambió la Junta Directiva de bolsillo del Alcalde por una con representación de los estamentos más notables de la comunidad; implantó una contratación transparente, que le ha ahorrado a la empresa miles de millones de pesos, y la ha extendido a todos los posibles proveedores, en lugar de unos cuantos que obtenían a dedo los más jugosos contratos; llevó los servicios de la empresa a zonas que nunca habían recibido sus beneficios. Es evidente que falta mucho por hacer, muchos errores endémicos que corregir, muchas costumbres internas que cambiar, para hacer de las Ceibas una empresa eficiente, eficaz, transparente.

Pero se está haciendo mejor de lo que los malquerientes del Alcalde y su Gerente creen y proclaman aprovechando una coyuntura adversa.


LA GUACHAFITA