• Hernando Steven Oliveros Y*

Habitantes de la calle ¿Quién tiene la culpa de su desdén?


315 habitantes de calle vagan en la ciudad de Neiva. Dentro de las razones que explican este fenómeno van desde los problemas con alcohol y drogas hasta problemas económicos, de salud e incluso decisión propia. ¿Quién es el responsable de su desdén? Hernando Steven Oliveros indagó sobre ello.

Foto: Cortesía Diario del Huila

Una persona en condición de calle, según la Corte Constitucional de Colombia, es aquella que carece de un lugar permanente para residir y se ve obligada a vivir en la intemperie, ya sea en la calle, en los portales de viviendas, en albergues o como dicen varios que viven en esta condición: “en donde les coja la noche”. Las consecuencias: un rompimiento tosco y traumático de sus lazos familiares, sociales y laborales.

Investigando cuáles son las causas que figuran en la jurisprudencia de tribunales nacionales e internacionales, doctrina y estudios de investigación que tratan la habitabilidad de calle, algunas obedecen a problemas con el alcohol o drogas, rupturas familiares, problemas de salud, problemas económicos, por maltrato e incluso por decisión propia.

Para Antonio**, acordarse de que su familia contaba con los capitales monetarios necesarios para haberse hecho un hombre estudiado, es demasiado triste. Asegura que “tal vez hoy podría estar ejerciendo una labor importante dentro de la sociedad”. Se enfurece cuando trae a su mente el recuerdo del momento en el que su vida cambió luego de probar bazuco.

Según las más recientes cifras de un censo que adelantó la Administración Municipal no solo en el centro de la ciudad sino en todas las comunas de la ciudad, aproximadamente 315 habitantes de calle vagan en Neiva. En diferentes zonas de la capital del Huila se evidencia que las personas en condición de calle, ocupan áreas que ponen en peligro sus vidas. A diario se puede evidenciar que puentes, desagües y también zonas verdes de la ciudad son usados sin ninguna cautela como hábitat, aun sabiendo que estas infraestructuras no han sido diseñadas para residir.

Por ejemplo, Antonio vive desde hace varios años debajo de un puente que atraviesa la quebrada La Toma, ubicado en la avenida llamada con este mismo nombre. Por donde viajeros y propios circulan con el fin de darse un paseo por un lugar fresco y agradable. Creció en una familia “acomodada”. Estudiaba, tenía dinero a su antojo y, además, iba a clases de canto en el conservatorio de música de la ciudad de Ibagué los fines de semana. Decidió forjar una familia, quería una esposa y dos hijos: una niña y un niño.

Sobre las calles y puentes de nuestra amada Neiva se evidencia ropa, canecas, escobas e improvisados fogones para preparar alimentos, a lo que, según Antonio, “no tienen de otra”. Pero para quienes viven en esta condición le es favorable el clima de la ciudad y expresa de manera airada que es principalmente en horas de la noche, ya que pueden refugiarse en cualquier parte sin problemas de frío. Habla en general.

Hay estudios que ofrecen otras perspectivas, como los de los profesores Peter Kellett y Jeanne Moore (2011), que desde la arquitectura y la psicología hacen un estudio sobre la construcción de un hogar en situación de calle, determinando que el fenómeno de esta condición es una consecuencia directa de la pobreza y una grave inequidad en la distribución de la riqueza y el poder, tanto a nivel nacional como internacional.

En contraste a esto, Antonio argumenta no ser la pobreza su causa, pues su familia tenía los recursos suficientes, lo que pasó con él fue un día como cualquier otro, decidió salir a platicar con varios amigos con el fin de tomarse unas cervezas y escuchar música para despejarse de sus labores diarias. Y después de algunas horas, uno de sus acompañantes decidió ofrecerle lo que sería su perdición.

Una vicha de bazuco que, según su compañero no hacía daño. La fumó ante la insistencia de su amigo, y de ahí en adelante su vida dio un drástico pero infortunado giro. Con lo anterior, evidenciamos también una de las causas por las que cualquier persona sin importar su raza, su condición social y económica o de salud y demás aspectos, cae en situación de calle.

Muchas de las personas en estas circunstancias – dice Antonio incluyéndose – piden a gritos que desde la Administración Municipal se intensifiquen las ayudas, capacitaciones y que los atiendan con fundamento. Y, por consiguiente, lo que se considera es que también se necesita buscar recursos en diferentes organizaciones y comprometer al gobierno nacional.

Según Antonio, los problemas empezaron a hacerse visibles en su casa por lo que su esposa lo abandonó por otro hombre, haciendo que cayera más al vacío inevitable del consumo de sustancias alucinógenas. También afirma que estas sustancias son en la ciudad de Neiva mucho más baratas y de mejor calidad que en otras ciudades del país.

Hoy, varios años después, trabaja como recolector de botellas de vidrio y latas de cerveza en diferentes zonas de la capital huilense. Exclama con felicidad que la temporada de San Pedro es su preferida, pues recolecta mucha más cantidad de botellas y eso le deja más ganancias. Dice que tiene mucha ropa, su comida favorita es la pizza, al menos ya no toma, hace unos días le robaron la gorra siempre usaba sobre su pelo largo, y en su espalda carga un costal en el cual deposita toda su mercancía.

Ahora, en Colombia las políticas públicas nacionales en torno a la población que habita la calle, están orientadas básicamente hacia un mismo punto: el restablecimiento de sus derechos. El tratamiento jurídico para el habitante de la calle está enmarcado en la ley 1961 de 2013, por medio del cual se establecen los alineamientos para la política social que entraría a regular su situación.

¡Qué maravilloso!

Pero realmente, y dicho por el mismo Antonio y demás amigos que estaban presentes al momento de realizar este trabajo de campo, nada de esto se está cumpliendo. Según él, el gobierno piensa muy poco en ellos y cotidianamente son denigrados por la sociedad. Los juzgan por el hecho de que algunos, no todos, piden dinero o roban. Pero afirma que a quienes conoce son realmente personas trabajadoras que a diario buscan su sustento de manera digna.

Por eso considero que esta negligencia estatal también es motivo para que cualquier ciudadano del común caiga en situación de calle. Porque realmente los ciudadanos no debemos suplicar para que se nos atienda en las oficinas administrativas, o para que seamos incluidos en el sistema; pues estas prerrogativas las debe proporcionar el Estado de manera obligatoria. Esto es una realidad bochornosa de la que ningún colombiano está exento.

Antonio actualmente lucha por recuperar el amor de sus hijos, dice que él y quienes viven en esta condición necesitan mucha ayuda y expresa: “es el trabajo más difícil de mi vida”.

Concluyendo, reflexiono que si se incluye una prevención de la habitabilidad como objetivo político, se podrían abrir algunos caminos para trata de poner fin a esta problemática social. Por ejemplo, modificar y ampliar el espectro de atención de la ley 1961 de 2013 o establecer una nueva normativa exclusiva para la población en riesgo y así atacar las causas originarias, la pobreza extrema y la marginalidad, en su gran mayoría, en la medida en que se pueda avanzar hacia una prevención de los principios.

* Estudiante de Comunicación social y periodismo de la Universidad Surcolombiana | Opinión Ciudadana

**Antonio es un habitante de la calle que compartió su testimonio para este trabajo periodístico.


LA GUACHAFITA