• Yamid Sanabria

Vota por Waldo


Una famosa serie de Netflix nos invita a reflexionar el valor del voto en el marco de una sociedad que participa cada vez menos en las decisiones del Estado.

Foto: www.mashable.com

Waldo es un personaje ficticio de una famosa serie de Netflix. En uno de los capítulos nos recuerda lo frágil que es nuestra democracia para quienes no participan en las decisiones del Estado, porque sienten que un voto no representa la transformación de absolutamente nada y que su valor como ciudadanos se reduce a los periodos de elección popular. Lo anterior es visto como una clara manifestación del valor que lleva a muchos ciudadanos al abstencionismo.

Los candidatos buscan motivaciones: la primera desde lo emocional con expresiones como el saludo afectuoso, el comentario familiar y la generación de relaciones interpersonales que conlleven a forjar lazos de amistad que permitan sentir más cercano al elector. Segundo, lo racional y la importancia de las ideas, claridades conceptuales y propuestas con capacidad de influencia. Estos elementos son referentes independientemente del color político. Las preguntas que nos genera Waldo son ¿Cuánta hipocresía hay en lo emocional?, ¿En lo racional existe un conjunto de mentiras, dado a que siempre existirán limitaciones dentro del cargo que busca ocupar? Estas inquietudes hacen cada vez más difícil la participación en espacios públicos para conocer quienes nos van a representar.

Se suele criticar fuertemente a quienes no salen a las urnas y permiten que unos pocos decidan por ellos, como es el caso de las pasadas elecciones en segunda vuelta a la presidencia de la Republica de Colombia donde 32,975,158 de ciudadanos estaban habilitados y solo participaron 15,341,383 lo cual equivale al 47% del total de la población colombiana. A pesar de que existen garantías e incentivos para votar, el gran ganador es un abstencionismo que parece estar cansado de los políticos tradicionales, alternativos, o de los tradicionales que parecen alternativos y los alternativos que parecen tradicionales: aquí entran todos en general.

El concepto mismo de “representación” está en crisis por la evidente minoría que cuenta con la aprobación para gobernar. Es pertinente entender la “No Acción” como un fenómeno político tan válido como el voto en blanco, con unas consecuencias como la falta de legitimidad en las autoridades que nos rigen y el desacato de las normas establecidas por quienes sienten un Estado que vela por intereses particulares.

Aunque el voto no representa la participación política en su totalidad, es un elemento que permite medir las dinámicas sociales. ¿Es el momento de evolucionar en otros mecanismos para tomar decisiones de manera más eficiente? Esperemos que el abstencionismo se deba a la falta de una clase dirigente con la capacidad de asumir de manera ejemplar las funciones constituyentes del Estado y no el avance sigiloso en la perdida de la confianza en el otro.


LA GUACHAFITA