• Illia Collazos

Me Too


La oleada de acusaciones de acoso o abuso sexual se asemejan a una ola del mar, que solo deja residuos y no arrastra nada del fondo.

Foto: Gustavo Torrijos / El Espectador

Antes de iniciar este artículo, debo dejar en claro que no sólo soy mujer, sino también una persona inteligente, o como dirían los papás de uno, "una mujer estudiada" – cosa que en ese entorno siempre venía con un tono de sorpresa – y lo que voy a escribir a continuación necesita las siguientes dos aclaraciones: pertenezco al sexo que voy a atacar a continuación y no soy una caída del zarzo.

Creo que las mujeres hoy estamos muy cerca de convertir el feminismo y el derecho a la defensa de nuestros derechos en un absurdo mediático y político, hasta diría de puro espectáculo. Esto no quiere decir que las decenas de acusaciones de acoso o abuso me parezcan inválidas, sino que se me asemejan a una ola de esas que los mares levantan varios metros sobre su nivel natural, para luego traer sólo arena y residuos, sin modificar nada de fondo.

Con esto no estoy justificando el abuso o el acoso de ningún tipo. Al contrario, valoro muchísimo la valentía de las mujeres que se atreven a denunciar a sus agresores, creo que todas deberíamos tener una política de respeto y unos límites bien firmes sobre lo que NO queremos que nos digan o hagan bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, debo decir que estoy muy lejos de apoyar un movimiento que destapa chismes de hace 10 años y que lo único que modifica son los titulares de prensa de los diarios online.

El mundo no debe ser más feminista o más machista. El mundo debe ser un lugar donde ambos sexos tengamos las mismas oportunidades y derechos, un lugar donde ser abusado o acosado sea un tema importante, pero no para los titulares de prensa sino para nosotras mismas y para las leyes de la sociedad o mejor diría para la cultura. Porque todo lo que hemos dejado pasar en tantísimos años ha sido cuestión de evolución social.

Si voy varios años al pasado me doy cuenta que según la nueva “ola”, – continuando con la metáfora marítima – yo y seguramente muchas mujeres más comunes que las que acaparan la atención, han sido acosadas, tocadas y abusadas de maneras desafortunadas. ¿Por qué no lo dijimos (dijeron) en su momento? Por ignorancia, porque creíamos que era un asunto que “sucedía” y del cual simplemente nos teníamos que olvidar. Pero ¿nos convierte en dignas feministas o mujeres más inteligentes, el ir apoyando un movimiento que raya en el amarillismo?

Lo dejo a su consideración. Yo hace rato que apagué la televisión.


LA GUACHAFITA