• Angélica Ortiz

Crisis en Venezuela ¿Estamos devolviendo el favor?


No en todos lados hemos visto la llegada de venezolanos exiliados ante la situación política que pasa en su país, quizás habrá algunas ciudades donde se establecen en búsqueda de un mejor futuro o toman estos lugares como punto de parada para seguir su camino y llegar a otras naciones. Hablaré del caso concreto de Bogotá, ciudad donde resido y en la que en muchos establecimientos comerciales y medios de transporte he visto venezolanos rebuscando para sobrevivir en la capital colombiana y enviar dinero a sus familiares en tierras oriundas de Simón Bolívar.

Para algunos quizás sea una retribución que debamos hacer a los venezolanos luego de que ellos en tiempos de antaño nos recibieron cuando la situación de violencia en nuestro país nos llevó a buscar nuevos horizontes; la cuestión radica en el impacto que ha llevado este fenómeno a la economía de los colombianos.

Hace algunos meses iba en camino a encontrarme con unos amigos, tomé Transmilenio y casualmente al instante se subió una chica venezolana a vender brownies y a buscar compradores colombianos de unos Bolivares completamente devaluados, con los ojos con lagrimas pidió algo de comer ya que llevaba días sin poder hacerlo y pocos segundos después la mujer cayó desmallada, totalmente pálida. Sin pensarlo la ayudé bajándome con ella en la siguiente estación, estando allí avise a un policía para que llamara a una ambulancia ya que poco podía respirar la joven.

Ella, recuperó algo de energía para pedirme que por favor no se la llevaran, que tenía miedo de ser deportada debido a que no todos sus documentos estaban en regla y además no tenía dinero para pagar el servicio de ambulancia. Para tranquilizarla le comenté que el servicio era totalmente gratuito, que me iba a quedar hasta que llegara la ambulancia para estar pendiente que no hicieran ningún cobro.

En ese momento ella me cuenta un poco sobre su vida: vivía hacinada en una casa, compartía un cuarto con unas amiga, si bien ella era profesional en Ingeniera en Sistemas, me confesó no ha podido conseguir un empleo porque no ha tenido el dinero para homologar su carrera en Colombia y que además cada vez que podía enviaba dinero a su madre. Luego, se levantó, me dijo que se quería ir, que estaba perdiendo tiempo que le servía para vender sus productos y de esta forma se retira. Yo avisé a la Policía y di testimonio de la situación. Al día siguiente, en horas de la noche, vi que se subió una mujer nuevamente a vender productos en el Transmilenio, ella me reconoció y me presentó a una de sus amigas, luego de vender se despidieron y me dieron las gracias.

Esta historia la narro con el fin de entender la situación tan difícil que están viviendo los venezolanos así como los colombianos que han llegado al país. Así, doy inicio al tema de esta columna. No podemos caer en una actitud xenófoba, pero si debemos estar preparando nuestros mecanismos de reacción, la construcción de políticas públicas y encarrilar los programas sociales no solamente para la atención de las necesidades de los colombianos sino también de los foráneos en el país.

Esta última columna del año se enfoca en un elemento fundamental: La crisis humanitaria producto de la inestabilidad política del Gobierno de Nicolás Maduro y el impacto económico a las regiones donde directamente llegan los migrantes. La situación política de Venezuela no es ajena a nuestro conocimiento, puesto que los medios de comunicación constantemente nos mantienen al tanto de las decisiones, de quién les escribe, autoritarias y carentes de derecho y libertad. Con los venezolanos compartimos 2.200 kilómetros de extensión geográfica terrestre y el ingreso de venezolanos ha venido creciendo desde 2014. Según Migración Colombia, el flujo y movimiento de ciudadanos de ambos países se ha mantenido por décadas anteriores.

En este sentido, hay tres tipos de migraciones que deben tenerse en cuenta: La migración pendular, la migración regular y la migración irregular. La migración pendular ha existido desde que se establecieron fronteras limítrofes entre los dos países; por estas zonas fronterizas viene y van aproximadamente 632.000 personas que se concentran en la compra de víveres, las visitas a familiares, al turismo y la compra de medicinas.

La migración regular es la establecida por ciudadanos que ingresan con su respectivo pasaporte, de manera formal y usualmente en materia laboral o de turismo. Bajo esta modalidad han pasado por nuestro país 263.000 personas; de ellos, a mediados del presente año ya habían salido del país aproximadamente un 83%, teniendo en cuenta que muchos toman a Colombia como país de tránsito nada más. La cuestión está en aquellos que de manera irregular ingresaron y siguen haciéndolo a Colombia; en lo corrido del primer semestre del año que ya acaba, de los venezolanos irregulares, 51.000 han tramitado permisos temporales, contrario a 140.000 más que se mantienen en ilegalidad dentro de nuestro país. Esto representa la población de Tunja, Florencia, Yopal, Pitalito, Rionegro, Jamundí, Quibdó, Duitama, Buga, entre otros.

Aunque las medidas de Migración Colombia han buscado establecer un freno a la creciente llegada ilegal de venezolanos a través de deportaciones, expulsiones o sanciones económicas, la tarea aún necesita resultados más efectivos. Como lo dije anteriormente, no en la búsqueda de actitudes xenófobas de nosotros, sino más enfocadas a la construcción de mecanismos efectivos para la atención plena de los ciudadanos propios y foráneos del territorio colombiano.

Finalizo deseándoles a los lectores un excelente 2018 lleno de bendiciones y abundancia.

Foto: Refugio Liberal


LA GUACHAFITA