• Marcos Fabián Herrera*

La entrevista: del cadalso judificial a la impudicia dialógica


La clásica tipología de los géneros periodísticos (crónica, reportaje, entrevista y otros), ha experimentado una paulatina, y en algunos casos, sustancias transformación. Sus pretéritas características narrativas, estructurales y estilísticas han variado, producto de mixturas y experimentaciones enriquecedoras. Todo esto ha hecho que las viejas fronteras entre uno y otro género sean cada día más incorpóreas y difusas. Pero estos valiosos y significativos avances se enfrentan a su vez a la frivolización y retroceso de algunos géneros, que ante el acoso de las salas de redacción y el nocivo embate de la noticia – espectáculo, son sometidos al desgreño escritural y el abandono periodístico.

Tal es el caso de la entrevista, género que en la actualidad se ha confinado a ser el recurso más eficaz para extracción de asuntos baladíes, con preguntas igualmente insustanciales, y no como el género que propicia el dialogo de inteligencias y cataliza reflexiones, que alimenta debates y permite la divulgación y análisis de ideas y opiniones. Aunado a lo anterior, en los periódicos de mayor circulación, los personajes predilectos para ser entrevistados son personas vinculadas a la industria del espectáculo, la farándula y la moda, y en excepcionales casos se entrevista a un escritor o un intelectual. La justificación para infravalorar a este sector no deja de ser tan manida como torpe> Estos últimos no venden, suscitan poco interés en el público receptor y comprador y, además, son incumbencia exclusiva de revistas y publicaciones especializadas. Frente a esto, sesudos estudios han desvirtuado tan repetido lugar común y han confirmado lo importante y decisivo del sector cultural en la economía mundial.

En consonancia con lo anterior, en los medios de comunicación y en especial en la prensa escrita, es válido emprender un rescate del genero entrevista, concederle el valor periodístico que merece y superar las cortapisas que lo reducen al improvisado genero del relleno y la farándula. Igualmente la confusión y el reduccionismo empleado en los medios al agrupar a las artes, la diversión y el espectáculo, han derivado en una clara afectación al mundo editorial por la escasa difusión y, en un notorio desconocimiento de los cultores de la literatura y las diversas actividades artísticas.

En Colombia, la problemática es aun mayor. En los medios escritos poco se comenta, se reseña y se entrevista a los escritores. Las razones varían, pero hay una que en nuestro caso merece atención. En los periódicos, los periodistas de las secciones culturales poco o nada les interesan generar ese espacio de debate de ideas, propuestas y conceptos a los que pueden contribuir a los escritores y también el poco conocimiento de las obras y sus autores hacen que este rechazo se sustente en débiles razones de censura y desconocimiento.

En décadas anteriores, la actividad cultural y literaria del país, fue en buena parte alimentada por la circulación de revistas que ostentaron un gran nivel intelectual. Sus orientaciones, ideologías, posturas y opiniones variaban dependiendo de la escuela estética o de la afinidad política de sus miembros. Pero todas, sin excepción alguna, aportaban a la construcción de un público agudo, que encontraba en los variados géneros escritos, el sustrato necesario para sus exigencias y necesidades culturales.

Revistas como Mito y Eco, difundieron lo más selecto de la creación, la crítica y el pensamiento nacional y latinoamericano. Los gestores de estos proyectos fueron escritores y pensadores, cuya activa vinculación a los medios de comunicación, en especial los escritos, le permitió al país conocer corrientes culturales que consolidaron un espacio de discusión y análisis. Este ejercicio posibilito el reconocimiento del intelectual en la sociedad, valoró en el papel del creador y le concedió la importancia merecida en el dialogo y construcción de saberes y opinión pública. El periodismo ha sido para los escritores latinoamericanos un escenario de debate, un vehículo de mediación con los lectores, y una valiosa herramienta de propagación cultural. Desde 1944 el mexicano Alfonso Reyes en su obra El Deslinde, abre una veta de discusión y análisis para el intelectual Hispanoamericano y la historiografía literaria. En esta obra, Reyes con audacia postula un cuerpo teórico literario que se ajuste al pensamiento y singularidades del continente, al tiempo que desarrolla una dilucidación sobre las ciencias y áreas colindantes con el oficio del escritor.

Reyes, paralelamente a su labor intelectual, adelanto una agitada carrera diplomática, y encontró en el periodismo la posibilidad de incidir, desde sus periplos por Europa, en los procesos y debates del México de aquel momento. Hoy en día no resulta aventurado sentenciar lo determinante que fue la participación intelectual de Reyes en la vida pública mexicana.

No hay que omitir la consideración de la ambivalencia que ha caracterizado a descollantes figuras de la intelectualidad y cuyo juicio público fue un componente sensible en su influjo social. Poetas como D’Annunzio y Marinetti adhirieron a Mussolini, Leopoldo Lugones se deslizó desde el socialismo hacia el militarismo, Azorín fue primero un peculiar anarquista y luego un fervoroso seguidor del caudillo peninsular, Ortega y Gasset se arrepintió de su republicanismo para después abanderarse de la restauración monárquica. Todas estas conversiones atendieron a razones socio – políticas especiales en cada una de esas coyunturas.

En Colombia, los escritores e intelectuales han acudido al periodismo escrito para universalizar sus debates y contribuir a la construcción de un público cualificado con marcado interés por ciertas áreas del saber y las artes. Este proceso soportado principalmente desde revistas y publicaciones especializadas que han convocado a creadores con determinada afinidad, tiene una cimentada tradición en el país. La indefectible vocación periodística de la mayoría de los entrevistados para este libro, demuestra la necesidad del creador en cultivar un público receptor de su obra, de abrir espacios en los grandes medios de comunicación del país y de redimensionar la importancia de géneros de opinión y debate, absolutamente infravalorados por los editores. Esta misma situación, permite precisar la participación de los escritores en temas no propiamente literarios. En esta situación el escritor – columnista debe opinar sobre temas que trascienda sus predios artísticos.

Todo lo anterior permite construir el marco reflexivo para esclarecer la importancia de la entrevista en su aplicación a escritores colombianos, y cómo esta misma posibilidad que se enriquezca el debate cultural del país. Si en encrucijadas y situaciones problemáticas se le reclama al intelectual su participación, su salida del ostracismo y su opinión sobre determinado tema, la entrevista se constituye en el escenario de comunicación del intelectual con el país, en un puente para la restauración entre los distintos sectores del conglomerado social.

Distanciada de las imposiciones del mercado, sin la coacción que en muchos casos la reduce a la ornamental figuración y el vacuo vedettismo, la entrevista con escritores significa un paso en el proceso de retroalimentación del saber, en la conjunción de actores (academia, medios, lectores, etc.) y en la discusión pública y abarcativa de temáticas nacionales.

Como herramienta dialéctica que propicia reflexiones, la entrevista es el género que funda un espacio para ocuparse de lo actual y lo inactual y observar con minuciosidad un tema específico. Ya zanjadas ciertas discusiones y falsos dilemas políticos, impuestas por la turbulencia de los tiempos, y con las inmensas y fáciles posibilidades de comunicación, los escritores encuentran en este género una alternativa de injerencia en la opinión pública para hacer de la disquisición una tarea concomitante a su labor creativa.

La posibilidad de intercambiar opiniones, de interpelar conceptos y de polemizar, es un ejercicio que aporta considerablemente al conocimiento y entendimiento del entrevistado. Intentar recobrarle el valor al periodismo en momentos en que su banalización parece irrefrenable, resulta una verdadera quijotada y un destello de audacia en tiempos de pragmatismos y utopías prohibidas. Contra el alud de óbices, este libro se atrinchera en la inaplazable necesidad de escuchar a quienes crean y debaten en medio de la crisis, en hacer del periodismo algo más que la eficiente herramienta de manipulación, y, en la urgencia de explorar las opiniones de los escritores colombianos, que con fe de carbonero y una indefectible tozudez, escriben vitales páginas de la historia literaria nacional.

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* Este texto es la introducción del libro El Coloquio Insolente del escritor huilense Marcos Fabián Herrera Muñoz, publicado con la Editorial Visa G en el año 2008. Allí, entrevista a diferentes autores colombianos, en una búsqueda por superar los lugares comunes del periodismo nacional y por dignificar el arte de la entrevista. Previamente, el autor había obsequiado este libro a La Gaitana con dedicatoria incluida, haciendo mención a la opinión insobornable como patrimonio del buen periodismo. Agradecemos a Marcos Fabián por permitirnos divulgar esta parte de su libro e invitamos a nuestros lectores a consultar esta excepcional obra.


LA GUACHAFITA