• Alfredo Torres Javela*

El apetito de la injuria, reseña crítica


Libro: El apetito de la injuria. Libelo, Censura eclesiástica y argumentación en la prensa del Huila (1905-1922)

Autor: Juan Carlos Acebedo

Editorial: Universidad Surcolombiana

El Apetito de la Injuria escrito por el investigador y docente antioqueño Juan Carlos Acebedo, es un presente retrospectivo: una muestra de que sociedades excluyentes e intolerantes no son únicas y exclusivas de lo contemporáneo. En ese juego ya ha quedado demostrado la capacidad de los medios de comunicación – en este caso de la prensa – para persuadir e influir ya sea con argumentos, censura o falacias a la opinión pública.

Esta obra analiza las características argumentativas de la prensa en el Huila a principios del siglo veinte y la evolución de sus contenidos en la lucha por el poder en el campo político, educativo y cultural en el departamento del Huila. También indaga por las transformaciones del tejido social en una población de hegemonía clerical y conservadora recalcitrante.

CONTEXTO

Una región víctima de la insularidad y el abandono estatal después de la Guerra de los mil días, es la que se vive justo en 1905, año en el que se funda legalmente el departamento y se delimitan las fronteras trazadas por el Obispo Esteban Rojas Tobar, conservador de renombre y en términos de Bourdieu: poseedor de una alto capital cultural y social hegemónico que había derrocado el proyecto educativo laico liberal de mediados del siglo XIX.

Cinco periodos son los que destaca el historiador huilense Camilo Francisco Salas en la vida de la prensa local. Entre 1850 y 1886 se establece el predominio de la prensa liberal y laica. Una vez los conservadores en el poder, se extingue la prensa liberal durante 1886 y 1915. En el tercer lapso se vislumbran las grietas del poderío conservador: se vive un resurgimiento de contenidos de prensa liberal en una batalla más igualitaria por la producción simbólica y el acceso a las imprentas, esto fue caldo de cultivo para la posterior victoria liberal. Un lenguaje menos radical y más propenso a temas de desarrollo se reproduce durante 1936 y 1965. A partir de ese momento hasta 1990 en un quinto periodo se profesionaliza la labor del periodista y se reafirma la Aparición de la prensa diaria.

Durante los años de 1905 a 1922 – periodo investigado por Acebedo –, “el pulpito y la prensa se constituyeron en escenarios de primer orden en la conformación de un incipiente espacio público. Los temas predominantes eran la moral católica como soporte cultural de un orden tradicional, y la política partidista liberal y conservadora”.

El clero defendía su intervención en el sistema de la educación que ya dominaba. Monseñor Esteban Tobar irrumpía en la vida pública del departamento olvidando términos como la otredad y la pluralidad. Se afianzaba la perdida de la solidaridad por el semejante y se ahondaba en una concepción paranoide de la verdad, donde en palabras del filósofo Estanislao Zuleta, el que no está conmigo está contra mí y por ende merece ser aislado o exterminado. “Sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos”.

CUATRO CAPITULOS: CUATRO GOTAS DE COLIRIO

Moralización y opinión pública

Un dispositivo de control social hegemónico es el que se describe en el primer capítulo del apetito de la injuria, donde se registra la “campaña moralizadora” ejercida por el clero y Monseñor Rojas Tobar en 1912 – por medio de la prensa con el fin de someter al escarnio público y acoso judicial a aquellas personas que vivieran en unión libre o amancebamiento, con la excusa de que eran mal ejemplo e indignos y “leprosos”. Esto sucede nueve años después de fundada la diócesis de garzón en 1903.

Lo anterior para Acebedo, lleva a “dividir los campos y abrir un abismo que produce una mayor escisión y segmentación de la sociedad civil, ya no solo a partir de las diferencias sociales existentes sino también en pretexto de las diferencias en la conducta moral de los huilenses”. El resultado es un aislamiento y erradicación de la alteridad y la destrucción de la esfera pública.

La campaña se exhibió en los diarios de la curia “El eco del vaticano”, “Dios y Cesar” y “La Lid” de Garzón, fundados en los años 1903, 1910 y 1911 respectivamente. Estos eran leídos en voz alta al pulpito junto con la prensa de Neiva llamada “El Bien Social” fundada en 1911. Al final según la iglesia: “algunos funcionarios enmendaron sus malas conductas y otros fueron despedidos de sus cargos.

En este capítulo también se reconstruye la trama y eventual enfrentamiento entre Monseñor Esteban Rojas y el abogado y periodista Rafael Uribe Uribe por la polémica en torno al folleto “Como ser liberal no es pecado” escrita por este último. Debido a esto, el cura se despide con descalificaciones ad hominen tratándolo de “loco” e invocando silogismos carentes de premisas comprobadas y fundamentos validos suficientes, lo que en retórica se conoce como falacia de petición de principio.

La censura también se ve reflejada como algo innato en la prensa católica, el recurso de la prohibición de lecturas acompaña no pocas veces la excomunión. La iglesia estaba abocada a la necesidad de persuadir a una población pública emergente y de cualquier modo esto “amplió la esfera de la discusión pública como un rasgo indiscutible del proceso de modernidad en ciernes, que combinará en el Huila formas tradicionales de la censura de la lectura”.

Al final del capítulo se puede deducir que nace la emergencia de una esfera pública en discusión, donde predominan las formas comunicativas como el sermón, el libelo y el rumor pero, que ya no estaban solas: coexistían con la polémica y el debate a partir de razonamientos entre interlocutores, que si bien no estaban en igualdad de condiciones, buscaban por abolir o mantener privilegios instaurados.

Censura eclesiástica y libelo difamatorio

Anatemas, excomunión, sanciones y penas inspiradas en el Código del Derecho Canónico, era la suerte para el que refutaba a la iglesia o leyera prensa y algún libro censurado por el clero durante los años de 1905 a 1922, año de la dimisión y retiro del Obispo Rojas de la diócesis de Garzón. Para entonces ya se reconocía la existencia inquietante de “ese otro” que normalmente se adjetivaba con enfermedades o como “fuente envenenada”.

Según Estanislao Zuleta, lo anterior puede definirse como una no reciprocidad lógica, una suerte de interpretación donde si el otro se equivoca aludimos al esencialismo y si nosotros fallamos accedemos a la circunstancia: “preferimos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por el resultado”. “No solo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo”.

No obstante, y tras un periodo de más de 10 diez años en que la prensa liberal y de oposición no existía, Juan Carlos Acebedo manifiesta que “esa misma prensa reaparece con la Caída del General Reyes en 1909 y durante el mandato Republicano de Carlos E. Restrepo (1910 – 1914), y se multiplicó a lo largo de la segunda y tercera década, cuando finaliza la hegemonía conservadora en el plano nacional con el triunfo de Olaya Herrera”.

El deber del liberal Ramón Alvira Duran en 1912 y la opinión del médico Anselmo Gaitán Useche son los primeros pasquines que aparecen en la escena fisurando el poder católico. El primero como un pararrayos a pecho descubierto recibiendo y resistiendo las descargas eléctricas de la prensa clerical y, el segundo siendo privado de la libertad, excomulgado y a la vez recibiendo ataques contra su escuela la “Unión Progresista de Neiva”. Trato que recibió también el señor Ángel María Paredes con su Colegio Paredes, debido a que en su institución se prescindía de una enseñanza religiosa y se optaba por la laicidad secularizada.

Cabe recalcar que el ataque personal, el uso del epíteto despectivo y de los calificativos zahirientes, fueron rasgos característicos tanto de los periódicos católicos como liberales. Por ende se tomó la medida de querer eliminar el seudónimo y el anónimo como medida preventiva ante el ethos de la fuente.

Para Jesús Martin Barbero todo lo anterior es un producto del choque y combinación de las diversas fuerzas y procesos, que producen un efecto de modernidad instaurando en la práctica un espacio de debate público y controversia “que llevaron agua al molino de las formas peculiares de la modernidad en el departamento del Huila”.

La educación en el Huila (1909 – 1917)

Se pensaba hace unos años que la educación en el Huila había sido siempre clerical conservadora. Pero el historiador huilense Jairo Ramírez Bahamón lo desmintió descubriendo que en el siglo XIX el departamento poseía una educación laica, proyecto que se vino abajo con la constitución de 1886 donde se enfatizaba ser católico obligatoriamente, a alumnos y maestros.

Algunos intelectuales como José Eustacio Rivera o Ángel María Paredes y Ramón Alvira fueron fuertes oponentes a la educación católica, ya que Rivera la consideraba “de pobre comprensión acerca de la psicología del niño, su noción de la disciplina escolar como inmovilidad y sometimiento rígido del cuerpo de los alumnos, y la práctica de educar a la mujer para la vida hogareña o monástica y no para una participación más abierta en el ámbito de lo público. Por ello, se busca una reforma educativa.

Para Juan Carlos Acebedo “este periodo hay que interpretarlo como expresión de la puja por la secularización de la educación y sus altibajos”. En ese sentido, el sociólogo italiano Antonio Gramsci considera que la hegemonía es la supremacía que un grupo ejerce sobre otro, se establece un sistema de significados propios acerca de cómo es y cómo se debe estar en el mundo. La religión, la educación y los medios de comunicación hacen parte de esta hegemonía.

Lo que prácticamente se puede deducir en palabras del también sociólogo Pierre Bourdieu, es la insistencia de eliminar por parte de los liberales: la lógica de perpetuar el privilegio y la desigualdad por medio de la iglesia y los conservadores. Los liberales buscaban arrebatar el capital cultural, social y si se puede el económico al clero conservador nacionalista.

Al final, en cierta medida logran conseguirlo, a principios de la segunda década del pasado siglo, los conservadores históricos en unión con los liberales y republicanos logran arrebatarle la Asamblea Departamental en 1921 a los dueños del poder. A lo anterior habría que sumarle el retiro de la diócesis de Garzón del Obispo Esteban Rojas en 1922 que abre las compuertas del porvenir para los que carecen de adhesión al catolicismo.

Modos de argumentación.

Los mencionados silogismos, la censura, las falacias de petición de principio, ad hominem y el uso repetitivo del ethos amparado en la fuente, fueron elementos utilizados por ambos bandos. Sin embargo, no fueron los únicos.

En efecto, se acudió también al uso de la pregunta retórica, la tergiversación del argumento, el uso permanente del garante y de la concesión. Además se destacó el intento de reducir al absurdo la posición del contrario y de manera despreciable hacer uso del argumento ad baculom, que consiste en utilizar la fuerza y el poder: la fatídica y nociva coerción: el maltrato.

Al Final

Al final, reconocerse en la sociedad es un problema de lealtad. Las distopías son posibles, liberarnos del trabajo mecanizado es nuestro objetivo: no lo hemos logrado. La individualidad nos ha llevado a no tener compromiso por nada, esta nos ha liberado pero nos inducido a la soledad y la insensibilidad por el ser humano. Para la teórica política Alemana Hannah Arendt la esfera pública constituye el escalón inicial del reino social y político. Este espacio es indeterminado, todos no tienen las mismas lógicas; en él no hay conclusiones, hay decisiones: todo es falible.

En el mismo momento en el que a alguien se le excluye, en ese preciso instante falla la utopía de construir una sociedad en común. Es por esto que la democracia se entiende como la calidad de garantizar los derechos a los más vulnerables y a la vez, garantizar la necesidad de cambiar la escala de valores que nos oprimen.

Prácticas como las ejercidas por los medios de comunicación, la religión y los poderes políticos en nuestro país en el siglo XX y en toda época: no son más que una muestra de la deshumanización del ser humano, el mar de la banalidad del mal que para Hannah Arendt es el peor de los males. Porque el periodismo, la política y la educación se elaboran para liberar, no para ser esclavos. Justamente por ello, Arendt precisa que “El anticonformismo social como tal ha sido y siempre será el distintivo de los intelectuales”.

Y por último, para finalizar, nuevamente Estanislao Zuleta se refiere a ese accionar de la iglesia y a la censura ejercida ante la prensa. “Son muy conocidos en la historia, desde la antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia —por la desgracia— de alguna revelación”.

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* Alfredo Torres Javela. Comunicador social y periodista en formación de la Universidad Surcolombiana. Neivano radicado en el Valle de Laboyos y fotógrafo empírico.


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