• Luis Fernando Pacheco*

La sucesión del solideo azteca. Apuntes sobre el nuevo Arzobispo de la Ciudad de México


El pasado 7 de diciembre tras cinco meses de su presentación, el Vaticano aceptó la renuncia del Cardenal Norberto Carrera Rivera, Arzobispo de Ciudad de México, una de las diócesis más grandes y poderosas del mundo católico y designó en su lugar al Cardenal Carlos Aguiar Retes, hasta ese día Arzobispo de Tlalnepantla y desde noviembre pasado, Cardenal de la Orden de los Presbíteros de la Iglesia Católica.

El saliente

Norberto Carrera Rivera se va a su “retiro” con el título a sus espaldas de ser uno de los hombres más poderosos y polémicos de la Iglesia Católica en el nuevo mundo. Nacido en Durango en 1942, fue ordenado sacerdote a los 24 años en 1966 y Obispo diecinueve años después cuando ya gobernaba con ímpetu Juan Pablo II en Roma, pero alcanzó su apogeo cuando en junio de 1955 fue designado Primado de México en reemplazo del tampiqueño Ernesto Corripio.

Carrera Rivera representa para muchos analistas la perfecta simbiosis de la relación entre la política y la iglesia en México y Latinoamérica, y los tiempos vaticanos de Juan Pablo II. Acumuló veintidós años al mando de una de las diócesis más importantes del mundo (la segunda según datos del Anuario Estadístico Pontificio) y además una de especial simbolismo por el papel de la Virgen Morenita de Guadalupe como símbolo del catolicismo latinoamericano, y se convirtió en una emblemática figura que nunca estuvo exenta de polémicas.

Cercano a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y señalado por acusaciones de pedofilia, estafa y una doble vida, a todas luces escandalosa para su hábito, le defendió hasta que, tras la muerte del papa polaco, la situación se hizo insoportable y Roma tomó la decisión de intervenir la organización religiosa con Maciel ya muerto.

Sin embargo, no ha sido las únicas acusaciones que ha sobrellevado, múltiples señalamientos llevados a los estrados judiciales lo señalan como encubridor de sacerdotes pedófilos y tolerante - por lo menos desde su administración eclesial - con el tema que se convirtió en la pandemia de la iglesia en el nuevo siglo.

A dichas acusaciones se suman sus ambivalentes relaciones con el poder político mexicano encarnado en las últimas ocho décadas por el PRI. Si bien, el periodo del Cardenal Carrera coincide con los gobiernos de Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012) que marcan la única excepción a la hegemonía priista sus relaciones con el gobierno federal y los principales actores políticos superaron partidos, colores e ideologías, y mantuvo con mano de hierro la tradición de garrote y zanahoria que ha permitido que el catolicismo siga siendo una fuerza determinante para que el gobierno se sostenga.

El poder de Carrera quedó evidenciado en los últimos dos años cuando la iglesia actuó de manera coordinada con otros credos protestantes para enfrentarse a las reformas legislativas que permitieran el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Si bien las críticas de parte de la opinión pública llovieron, el cardenal se mantuvo incólume a las mismas y salió vencedor, nuevamente la iglesia católica le mostraba a Los Pinos (residencia y sede del poder ejecutivo) que, si quería gobernabilidad, su apoyo era vital.

Sin embargo, la mala hora del arzobispo empezó tras la renuncia de Benedicto XVI y la asunción al trono pontificio del papa argentino. Desde el mismo Bergoglio mantuvo distancia con Carrera Rivera, y las primeras señales llegaron en 2016, con la visita del Papa Francisco al país. Las palabras del pontífice fueron duras y no tuvieron reparo en señalar las divisiones entre el clero mexicano (que aún guardan las consabidas divisiones marcadas por la guerra fría entre una Iglesia para las pobres y una iglesia más bien cercana al poder político), para múltiples vaticanistas y analistas mexicanos, muchas de las palabras del carismático sucesor de Pedro, iban dirigidas al “estilo” de Norberto Rivera.

El punto final fue el nombramiento en julio de 2016 del italiano Franco Coppola como nuevo Nuncio (Embajador) del Santo Padre en el país azteca. Aunque con el acostumbrado estilo diplomático del Vaticano, Coppola continuó el discurso petrino del nuevo pontífice y las relaciones con el arzobispo fueron distantes. Obligado por el Código de Derecho Canónico a presentar su renuncia al cumplir los 75 años, también la ley católica prevé que el Papa pueda prorrogar la aceptación y la nueva designación, si el renunciante conserva buena salud (algo que por lo menos aparentemente es evidente). Sin embargo, no fue el caso: solo seis meses después de la renuncia (un periodo relámpago para los largos periodos de la burocracia romana), Francisco aceptó la renuncia y la era de Norberto Carrera terminó.

El entrante

¿Quién es el nuevo Arzobispo? Carlos Aguiar Retes no es un desconocido entre los pasillos eclesiásticos latinoamericanos. Tiene 68 años (lo que evidencia que no le espera un largo periodo a cargo de la arquidiócesis y que por lo menos en siete años se verá obligado a presentar la renuncia. Fue ordenado sacerdote en 1973 en los aciagos tiempos de las Conferencias de Medellín y Puebla, tras el posconcilio, y designado Obispo en 1997. Fue designado secretario del CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana) entre 1999 y 2003, y luego primer vicepresidente del mismo organismo. Sin embargo, su ascenso se dio en 2016 cuando Francisco lo nombró Cardenal en el consistorio de noviembre de 2016, generando una verdadera sorpresa puesto que Tlalnepantla nunca había sido una sede cardenalicia. Desde entonces los rumores empezaron y resulto evidente que Aguiar Retes era una estrella en ascenso en el episcopado mexicano y que nuevos vientos soplaban en la Ciudad de México.

Curiosamente, Aguiar Retes representa una ruptura con la confrontación y el carácter virulento del cardenal Carrera Rivera, pero para muchos analistas políticos no representa el cambio que se esperaba. Aguiar Retes es identificado fácilmente con el PRI, un partido que sigue representando la hegemonía territorial latinoamericana hecha institucionalidad pero que pierde poder progresivamente tras el desgastado gobierno de Enrique Peña Nieto, y que por primera vez debe enfrentar contradictores diferentes al conservadurismo encarnado en el Partido de Acción Nacional, PAN.

Es decir, que tendremos un cambio de estilo en el diálogo con otros actores y un cambio de imagen en una iglesia que pierde feligreses con una rapidez inusitada en la misma tierra de la Virgen morenita de Guadalupe, pero probablemente no habrá transformaciones de fondo: en México, política y religión crecen en una relación de poder, violencia y codependencia que quizá guarda una alegoría con la serpiente y el águila de la bandera nacional.

Solideo: Casquete o "gorrito" de seda que portan el papa, los obispos y algunos eclesiásticos para cubrirse la cabeza. Su nombre deriva de la expresión “solo ante Dios” pues esta prenda solo se descubre ante el Altísimo, durante la Misa desde el prefacio y hasta la comunión.

Imagen 1: Norberto Carrera Rivera (Fuente: WordPress)

Imagen 2: El nuevo Arzobispo acompaña al Presidente Enrique Peña Nieto y a su esposa la actriz Angélica Rivera en saludo protocolar a Benedicto XVI.

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* Luis Fernando Pacheco Gutiérrez es colombiano de nacimiento. Abogado, Especialista en Desarrollo Personal y Familiar, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y Candidato a Magister en Relaciones Internacionales. Investigador en la línea de relaciones entre Religión y Política enfocados en el catolicismo. Ha sido docente, investigador y directivo de instituciones educativas y universidades de Colombia y Argentina. Actualmente se desempeña como Jefe de la Oficina de Paz y Derechos Humanos de Neiva (Colombia)

Miembro del equipo fundador del Portal Independiente La Gaitana.


LA GUACHAFITA