• Illia Collazos

Fajardo ganó la Presidencia… pero en las encuestas


Foto: Revista Semana

Resulta difícil de creer que todavía hoy las encuestas sigan teniendo tanta relevancia. Y digo “todavía” porque después de la gran decepción del Plebiscito por la paz, las encuestas deberían sembrarnos más preguntas que respuestas.

Para ser la primera “gran” encuesta, el veredicto tuvo bastante repliegue en los principales medios de comunicación y por supuesto en mayor medida en sus auspiciantes. Lo cierto es que hoy por hoy, en Colombia y en gran parte de los países occidentales las encuestas funcionan como “push polls” más que como verdaderos medidores de la opinión pública y eso debería hacernos reconsiderar la posición y la credibilidad que le atribuimos a éstas. ¿Por qué darles tanta responsabilidad? ¿Por qué creer que las encuestas realmente dicen algo acerca de la opinión de un país? Las encuestas no sólo trabajan con base en probabilidades sino a muestras, y un pequeño porcentaje de nuestro país no necesariamente puede ser predictor de los resultados de unas elecciones o una consulta popular. Pero precisamente es eso lo que todavía algunos no hemos entendido del todo.

El voto, algo tan íntimo, secreto y por lo demás impredecible, tiene poca probabilidad de ser correctamente medido tantos meses antes y con tanta exactitud como afirman las encuestas. El gran error que siguen cometiendo las encuestadoras no es hacer las encuestas, sino creer que son predictoras de un resultado electoral. O bueno, en realidad debería decir que el error es de los medios de comunicación – sí, seamos críticos hasta de nosotros mismos – que todavía titulamos con afirmaciones tras leer una encuesta que emite un resultado parcial a más de 5 meses de las elecciones.

El Plebiscito por la paz debió enseñarnos a los colombianos a no confiar ni en nosotros mismos, porque le fallamos a un país cuando dijimos que íbamos a votar y finalmente no lo hicimos. Pero más aún, los resultados de cualquier encuesta deberían ser tratados con sumo cuidado, con suma cautela de no empujar de más un candidato o dar falsas expectativas a una comunidad que espera que su voto valga, si es que vale más hoy en día un voto en las urnas que a una encuestadora.

La cuestión es que hay un fantasma recorriendo Colombia, el fantasma del triunfalismo a través de las encuestas. Y ya que estamos ¿usted por quién votaría si mañana fueran las elecciones? Yo le tengo mi respuesta: todavía, no lo sé y, para serles sincera, no tendría por qué saberlo.


LA GUACHAFITA