• Natalia Andrea Puerto Sanabria

Cultivar en el Desierto


El Desierto de la Tatacoa, una extensa zona árida ubicada en el departamento del Huila posee un gran atractivo y son numerosas las compañías que se lucran gracias a la magnificencia del paisaje. No obstante, a muchos ciudadanos nos inquieta saber a dónde van a parar los recursos percibidos por el turismo, pues basta visitar el municipio de Villavieja para concluir que los ingresos percibidos semanalmente, gracias a la afluencia de turistas, (particularmente extranjeros) se esfuman y de ellos sólo queda la ilusión o la esperanza de desarrollo.

Se dice que la Tatacoa es la segunda zona árida más extensa de Colombia después de la península de la Guajira y así lo promocionan las empresas turísticas. Desafortunadamente, en estos anuncios no se hace mención a la tragedia por escasez de alimentos vivida actualmente en la península. Esta alusión al desierto de la Guajira, al contrario de servir para atraer turistas, debería promover el desarrollo de prácticas sostenibles que eviten que se replique en la Tatacoa la tragedia alimentaria vivida en la Guajira.

La Guajira, Colombia

Una alternativa de desarrollo sostenible en la Tatacoa es la soberanía alimentaria, se trata de “la posibilidad de decidir autónomamente qué, cuándo y cómo comer; implica tener la propiedad de una despensa alimenticia (entre más variada mejor) y que dicha despensa sea manejada autónomamente y con independencia por la sociedad a la que le pertenece” (López de Mesa, 2016). El cultivo autónomo a pequeña escala representaría una alternativa para que las comunidades del desierto eviten vivir una tragedia alimentaria como la de la Guajira.

¿Cultivar en el desierto?

Puede sonar irreal, pero es factible cultivar en un desierto. Para entender cómo, hay que saber diferenciar dos conceptos: “infertilidad” e “improductividad”; aunque infértil, un terreno puede ser productivo al tiempo que un terreno completamente fértil puede ser improductivo. En un lugar como el Desierto de la Tatacoa, la clave consiste en hallar la manera de devolverle la productividad al suelo aprovechando algunas condiciones ambientales favorables.

Se calcula que la zona de Tello recibe 1400 mm de lluvia al año (más que lo que recibe Cali, Valle del Cauca) de modo que la productividad del suelo se puede recuperar si se consigue frenar la erosión que le caracteriza. No obstante, esto implicaría un largo proceso de “biorremediación” afirma el ingeniero Oswaldo Puerto. El mismo ingeniero observa con optimismo esta posibilidad pues en zonas áridas como el desierto del ICA, en Perú, ha resultado altamente eficiente la implementación de esta práctica de bioingeniería para el cultivo de más de 800 hectáreas para la producción de uva y pisco. (Hechos y crónicas, 2017)

La biorremediación se trata de “cualquier proceso que utiliza organismos vivos como microorganismos, hongos y plantas, por medio de agentes o compuestos derivados de cualquiera de ellos, para retornar un medio ambiente alterado por contaminantes a su condición natural ya sea en el suelo o en las aguas (Liu., 1989) citado en (Trujillo, 2012).

El problema intuitivo de un proyecto de bioingeniería como el del ICA, reside en la posibilidad real que tienen los habitantes de alcanzar soberanía alimentaria, pues la producción exitosa de alimentos en ese desierto se logró gracias a una importante inversión extranjera; cuyos resultados se asemejan más a las consabidas prácticas de seguridad alimentaria que legitiman un modelo de producción a gran escala que al modelo propuesto con la soberanía alimentaria.

Fuente: https://www.peruenvideos.com/recorra-vinedos-mas-importantes-ica/

¿Cómo hacer compatibles un proyecto de bioingeniería y la soberanía alimentaria en el Desierto de la Tatacoa?

Sabemos que es posible frenar la tragedia por erosión hídrica del Desierto de la Tatacoa. Identificamos que una vía para hacerlo es la bioingeniería, pero los innumerables conflictos socio-ecológicos derivados de proyectos de inversión extranjera en zonas de reserva nos han dejado oscuras experiencias y una desconfianza natural por este tipo de mega proyectos.

Y es que históricamente las autoridades ambientales han dejado de lado esta zona. En una charla reciente con funcionarios del Ministerio del Medio Ambiente, algunos sostenían que semejante esfuerzo por frenar la erosión de la Tatacoa implicaría una gran inversión por parte del Estado y ésta tendría un riesgo muy alto, pues nada garantizaría el éxito del proyecto. Además, observan con cierta ironía (y algo de tristeza) que se dediquen esfuerzos económicos por recuperar estos terrenos infértiles en lugar de promover el cuidado y la conservación de los demás para evitar la creación de nuevos desiertos.

En resumidas cuentas, es poco probable que las autoridades ambientales inviertan en un proyecto de bioingeniería para la soberanía alimentaria en la Tatacoa, al tiempo que la posibilidad de una inversión privada, aunque factible, representa nuevos riesgos e incluso potenciales conflictos por el uso del agua y del subsuelo. Así que para evitar un conflicto de intereses entre inversionistas y habitantes de la zona, sería fundamental fomentar la participación activa de la sociedad civil como veedora del proyecto.

La Red por la Justicia Ambiental en Colombia ha documentado un proceso legal llevado a cabo en los alrededores del río Atrato, proceso mediante el cual se logró que la corte constitucional reconociera al río Atrato como sujeto de derechos y con el que se creó la figura de ‘guardianes del atrato’, un grupo veedor conformado por líderes comunitarios encargados de velar por el cumplimiento de la sentencia. Pensar en la creación de una figura similar, pero esta vez, para el Desierto de la Tatacoa puede ser una alternativa factible para que la bioingeniería y la soberanía alimentaria sean compatibles. La clave estaría en hallar un punto de conciliación entre los intereses privados de los inversionistas del proyecto de bioingeniería y las necesidades de los habitantes, de ahí la importancia de la representación de la sociedad civil en el proyecto. La bioingeniería y la soberanía alimentaria serían así una apuesta mayor por la innovación en prácticas sostenibles y por el fomento de un biodesarrollo regional a escala colombiana.

Por: Natalia Andrea Puerto Sanabria | Profesional en Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Trabajo de tesis: "una crítica al desarrollo sostenible desde la Economía ecológica". Coordinadora académica del curso en valoración económica ambiental de la Universidad del Rosario. Coautora del artículo: "el decrecimiento, una senda para enfrentar el calentamiento global".

Bibliografía

  • Hechos y crónicas. (2017). Este desierto produce uvas. Revista Hechos y crónicas.

  • López de Mesa, J. (29 de Junio de 2016). La soberanía alimentaria: motor de desarrollo. EL ESPECTADOR .

  • Trujillo, M. A. (2012). Biorremediación en suelos contaminados con hidrocarburos en Colombia. Revista de investigación agraria y ambiental.


LA GUACHAFITA