• Carlos Losada

Epístola para un colombiano


Como las buenas historias, siempre debe haber un atrapante inicio que enarbole los deseos de seguir escuchando, o en este caso leyendo. Y esta no es la excepción, porque el simple hecho de escribirle a usted es un privilegio que pocos a nuestra corta edad tenemos; sabrá usted por experiencias vividas, por narraciones contadas o temáticas académicas aprendidas que nuestro país ha vivido a lo largo de su historia en medio de conflictos, enfrentamientos sociales y desigualdades económicas, y en medio de este panorama las huellas de esperanza logran dar a lugar hechos que nos enorgullecen.

Hagamos un poco de memoria, esa que hemos olvidado o quizás fingimos no recordar. En 1982 el nombre de nuestro país tomaba un papel importante en los pasillos intelectuales de la comunidad internacional: Un escritor de Aracataca, recibía el Premio Nobel de Literatura por su obra “Cien Años de Soledad”. Y de este inolvidable episodio de la historia hay que recordar una frase que García Márquez expresó la tarde que recibió el premio: “Los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de una utopía, donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Y es por esta frase que continúo mis palabras a usted, y le pregunto ¿ha logrado ver qué tanto cambió nuestro país desde que asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán? Lo tomo como un punto de referencia histórico porque luego del “Bogotazo” se plasmaron en los años siguientes las épocas de violencia que hoy tratamos de superar; hace un año en el restaurado Teatro Colón se revalidaban los acuerdos para la terminación del conflicto con las FARC, ningún colombiano pensaría que las aguas de las que hablaba Gaitán tomarían más de cincuenta años para volver a su nivel normal.

Debo reconocer, como colombiano principalmente, que la tarea de constituir y lograr esa paz estable y duradera tomará tiempo. Pero también soy consciente que es una tarea que nos compete a todos por igual, sin distinción alguna; como lo he visto en los diferentes medios de comunicación, y en especial bajo la batuta de expertos en comunicación y gobierno, durante el mandato de Juan Manuel Santos no se han sabido argumentar los logros de haber encontrado una solución pacífica y dialogada a nuestras diferencias. Resumámoslo en tres elementos fundamentales: Logramos que no hayan víctimas mortales a causa del conflicto entre el Gobierno y las FARC; se ha logrado erradicar en más de 175 municipios las minas antipersonal; y hemos llegado a la erradicación de 45.000 hectáreas de cultivos ilícitos pasando a un proceso de sustitución de cultivos.

Quizás al usted haber leído esto se dirá en sus adentros que lo que argumento son simplemente números, pero debo asegurarle que llegamos a un punto en el que debemos empezar a contar cuántos colombianos sacamos de la pobreza, en qué medida erradicaremos las diferencias sociales y lograremos llevar al Estado a la Colombia olvidada por décadas. No le estoy incitando a votar o apoyar a un candidato o grupo político en particular; lo que si lo invito es a votar a conciencia, con criterio y bajo un rasgo fundamental de la noción política: Con objetividad. En nuestras manos reposa el poder de la democracia.

Se acercan las elecciones de un nuevo Congreso y Presidencia, instituciones que tienen la gran responsabilidad de sacar adelante lo que pactamos por un nuevo país. En palabras de Bob Marley: “No olvides tu historia ni tu destino.”

Foto: La lengua Caribe


LA GUACHAFITA