• Illia Collazos

Corrupción y política “a lo latino”: Argentina y los Korruptos


La familia Kirchner llegó al poder en el 2003, una época en la que Argentina salía de una crisis económica y política, un vacío de poder que parecía irremediable y una desconfianza en todas las instituciones que es recordada en la frase “que se vayan todos” estampada en varios murales de la ciudad y vociferado por gran parte de la ciudadanía. Cuando Néstor Kirchner asumió las banderas de la presidencia, tenía un desafío enorme: reconstruir la política y el tejido social que la debe acoger para darle fuerza a las instituciones, un desafío que el ex presidente se apropió exitosamente porque, aunque a muchos no nos guste reconocerlo, eso es algo que hasta el más anti kirchnerista puede osar atribuirle al fallecido ex presidente.

Tras su periodo de presidencia, la congresista y también esposa de Néstor, Cristina Fernández de Kirchner, asumió el poder de una Argentina ya estable y creciente, una economía que parecía dar los primeros pinos de una época económica boyante que duraría hasta entrado el 2012, año en que la inflación, producto de una política económica de estatismo y sobreimpresión de dinero, hizo sonar las primeras cacerolas de Recoleta y Palermo.

Ahora, tras una década de Kirchernismo y electo el presidente Mauricio Macri, representante de un movimiento de centro derecha, los K empiezan a ser reconocidos por el cartel de corrupción que labraron en esos 10 años. Pese a esto, la ex mandataria se presentó a elecciones provinciales el pasado mes de octubre con su movimiento político, quedando derrotada aunque en un segundo lugar que debería por lo menos hacernos reflexionar.

Las causas que se le atribuyen

A Cristina Fernández de Kirchner se le acusa de direccionar obra pública a precios superiores, en la provincia de Santa Cruz –su lugar de procedencia – en beneficio de Lázaro Báez (condenado). Esta causa continúa abierta y en proceso.

Adicionalmente y muy en relación con el caso anterior, la ex presidenta y sus hijos, están procesados por lavado de dinero de procedencia de obras públicas a través de alquileres de propiedades en Santa Cruz. Según el juez de la causa, las propiedades alquiladas facturaron entre 2009 y 2016 casi $26 millones (más de 1 millón de dólares) y transferencias con el resto de los acusados de la causa por cerca de $63,5 millones (más de 3 millones de dólares) en el mismo periodo.

A estos hechos se le suma el procesamiento de la ex presidenta por vender dólares a futuro, a través del Banco Central, a un precio menor que el mercado y provocar perjuicio económico al Estado por más de 54 millones de pesos.

La corrupción en las venas de América Latina

2018 será probablemente el año en el que los argentinos –y aquellos que vivimos aquí –veremos el desenlace de esta novela política que, para nosotros los colombianos, parece una mera anécdota. Latinoamérica entera ha sido testigo del procesamiento de ex presidentes (Brasil) y en nuestro país también somos testigos de una cadena de corrupción entre miembros del Congreso y ministros. Probablemente un “que se vayan todos” no baste y en otros diez años nos estaremos preguntando por qué nuestra política “a lo latino” sigue siendo tan “sucia” y tan poco loable, nos darán ganas de agarrar el pasaporte y salir del país o, si acaso tenemos un ápice de nacionalismo, obraremos como mansos ciudadanos y saldremos a elegir un candidato que parece mejor.

La malicia indígena, esa a la que le atribuimos la viveza y la capacidad de reinventarse casi cotidianamente con tan pocos recursos, seguramente también es la que nos hace creer que cuando llegamos al poder podemos hacer lo que se nos da la gana, aunque esto involucre empobrecer un país y sobrepasar las instituciones.

¿Será una cuestión cultural? ¿Qué opinan ustedes?

Foto: Josh Haner/The New York Times


LA GUACHAFITA