• Ingrid Lozano Suárez*

La ciudad en la novela Delirio de Laura Restrepo


Nadie mira a nadie de frente, de norte a sur la desconfianza, el recelo entre sonrisas y cuidadas cortesías. Turbios el aire y el miedo en todos los zaguanes y ascensores, en las camas. Una lluvia floja cae como diluvio: ciudad de mundo que no conocerá la alegría. Olores blandos que recuerdos parecen tras tantos años que en el aire están...”

Carranza, Mercedes. Bogotá, 1982.

La novela Delirio de Laura Restrepo, publicada en el 2011, aborda la coyuntura social del país: la 1980 crisis económica, la presidencia de Belisario Betancourt, la violencia, el narcotráfico y el tratado de extradición. Por lo tanto, la novela devela los conflictos sociales a través de sus personajes.

La novela urbana de Laura Restrepo es la metáfora una sociedad loca, que narra el resquebrajamiento del orden social mediante las características de McAlister y Agustina los cuales dan testimonio de la realidad social a través de sus vidas: “Agustina vida mía, un don que era hijo de la necesidad y de la angustia: el de hacer plata; plata contante y sonante. Pero, me hacía falta lo más grave, Agustina preciosa, lo verdaderamente grave en medio de tanto detalle menor, y era llegar a la casa de mi amigo Joaco y encontrar que ahí estabas tú”. (p. 180).

En este sentido, los personajes presentan las características de una ciudad ausente, quebrada, empobrecida, en movimiento, elitista, real, violenta, superficial, artificial, de engaños de todos y de nadie: Medellín. De allí el nombre Delirio, pues Agustina y McAlister metaforizan la realidad colombiana y develan los conflictos de la ciudad: “…esos confusos episodios que se precipitan en esta ciudad en guerra de todos contra todos; historias de gente a la que le venden droga adulterada en algún bar, o le pegan en la cabeza para atraerla, o le hacen tomar burundanga para obligarla a actuar contra su voluntad.” (p. 21).

Ciudad ausente, en el sentido en que las calles están en silencio por el terror que produce las armas, el narco, la guerrilla o el Estado, sin embargo, nadie levanta la voz ante la opresión, la masacre, la injusticia, la miseria de algunos y la riqueza de ellos. Ciudad quebrada espiritualmente, físicamente y económicamente. Por eso McAlister representa a través de un diálogo con Agustina, que pasa a ser monólogo, el delirio de las sociedades movedizas: “La cosa es que a mí la visita del Misterio me dejó muy mal sabor, no me preguntes por qué, si había venido a ofrecerme el negocio del siglo…” (p. 129).

Ciudad empobrecida en cuerpo y alma, pues la apariencia se apodera de los citadinos, de las calles, de la vida corporal y espiritual, debido al narcotráfico de la época, originando la superficialidad en todas las dimensiones, y en todos los espacios, así como se evidencia en la familia de Agustina. Es en esta familia donde se demuestra la apariencia: “…cada mentira era para ti un martirio y que cada omisión era una trampa para tu razón resquebrajada, y tú permanecerías callada y acorralada y al borde de tu propio precipicio…” (p. 233).

Ciudad en movimiento, ciudad que no duerme, ciudad que deambula como una puta en medio de la noche, ciudad que abre sus puertas a lo abúlico y a lo apolíneo, ciudad que no descansa, ciudad personaje, ciudad creadora de historias, ciudad que circula entre todos, “la ciudad palpitaba en silencio, agazapada y rota, como si la hubiera quebrado el horror de esa noche y ahora esperara el inicio de la próxima andanada” (p. 185). Ciudad llena de bombas a cada hora, llena de coca, de narco y de terror. Ciudad loca, causante de delirio y ausente de esperanzas.

La ciudad y la familia en los personajes de la novela Delirio son claves para entender lo mucho que nos pasa como país y la enfermedad que padece nuestra sociedad.

Reseña elaborada por: Ingrid Lozano Suárez, Mg. en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira y la Universidad del Tolima. Licenciada en Humanidades y lengua castellana de la USCO.


LA GUACHAFITA