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Democracia costosa


Mañana se elegirá el candidato del partido liberal en el marco de una jornada donde un solo partido convocó a primarias (consultas internas de partidos) para la presidencia de la república en 2018. Bastante se ha escrito criticando estas elecciones básicamente por su elevado costo. Pocos han asumido una postura favorable a las primarias, como el politólogo Yann Basset en un artículo en Razón Pública titulado “Consultas de los partidos: ¿solo una cuestión de costo?” el cual recomiendo leer. Las observaciones del profesor Basset son necesarias para entender por qué las primarias, en términos utilitaristas, le aportan más de lo que le quitan a la democracia.

Y digo en términos utilitaristas dado que la discusión de las elecciones internas del partido liberal ha girado en torno al argumento del cálculo costo - beneficio para rechazar tajantemente que se gasten 40.000 millones de pesos, con tanto problema por afrontar en el país. Aunque es cierto que Colombia tiene profundas necesidades en otros sectores como salud, educación, ambiente, ciencia y tecnología, etc, la democracia no es un tema menor, y negar unas elecciones pensando en que el dinero podría ser utilizado en los sectores mencionados previamente, es un acto de demagogia porque desconoce el sistema político democrático. Quienes defienden este argumento, aseguran que es mayor el costo que el beneficio que trae la consulta de mañana, lo cual es completamente falso. Además, desvían el debate sobre los puntos trascendentales que deberían tener las primarias. A continuación voy a explicar por qué.

Las primarias: el empoderamiento del ciudadano

En primer lugar, las elecciones primarias involucran a los ciudadanos pero sobre todo a los militantes de los partidos para que sean ellos los que elijan el candidato a la presidencia por su partido. Así pues, las primarias constituyen un ejercicio democrático que difiere bastante de los arreglos que hacen las élites para escoger su candidato a puerta cerrada o en convenciones donde solo un número reducido de militantes puede ingresar.

También dista mucho de mecanismos "novedosos" como los del Centro Democrático de elegir su candidato por medio de encuestas para dar la apariencia de que este partido tiene en cuenta la opinión de los ciudadanos. Falso. Si tuvieran esa intención, convocarían a primarias, no a encuestas que por más representativas que sean con el universo de entrevistados, excluyen a una parte importante de la población.

Por ello, las primarias afectan directamente los caprichos de las élites de los partidos y deja esta elección a merced de millones de votantes. Da cuenta tanto de una participación ciudadana necesaria así como de un compromiso democrático de los partidos con su electorado. Una muestra de cómo los exhortos de los partidos a construir una democracia sólida, participativa y representativa son llevados a la realidad. Una dimensión de esta naturaleza implicaría un empoderamiento ciudadano antes de las elecciones del 27 de mayo de 2018.

Bien lo señala el profesor Basset al sostener que "el simple hecho de que el partido llame a sus electores a decidir entre varios candidatos que representan distintas apuestas en términos programáticos y estratégicos es un llamado a que se informen, discutan y tomen posición".

Costosa, pero imprescindible

A menos que la mayoría de colombianos opten por un sistema distinto al democrático, debemos someternos a los gastos operativos para mantener esta democracia. Y este sistema funciona por medio de la voluntad popular y hasta el momento, el mecanismo utilizado son las elecciones. En efecto, el debate no se reduce únicamente a las elecciones presidenciales sino que va más allá, como con las consultas populares en los municipios que no desean albergar proyectos minero - energéticos. Y no es solo defendido por alguna parte de la población sino también por el mismo Estado por medio de la Registraduría Nacional la cual a suspendido provisionalmente consultas populares en Córdoba (Quindío) y Granada (Meta) por no contar con los recursos para hacerla.

Tras este argumento de los altos costos de las elecciones está otro que aborda tiene que ver con la legitimidad. Por supuesto que la democracia colombiana no goza de óptimas condiciones. Prueba de ello es que según el Latinobarómetro 2017, en el país solo el 17% de los colombianos está satisfecho con la democracia lo cual nos sitúa como la cuarta peor calificación de la región.

Los partidos políticos han llegado al punto que tienen peor calificación que las FARC. La corrupción, el nepotismo y la impunidad son fenómenos comunes que inundan las noticias nacionales y locales, y precisamente por ello es que la gente no confía en nada que tenga que provenga de los partidos, como las elecciones.

Sin embargo, no es dejando de celebrar elecciones por costosas que se mejora el estado de la democracia en Colombia y que se solucionan problemas de otra naturaleza. Es exigiéndole más a los candidatos, es presionándolos a rendir cuentas, a ser transparentes, a asistir a debates, a ser democráticos, a explicar sus planes de gobierno, entre otros. Así las cosas, la crítica debería ir dirigida a los demás partidos que no van a estar en las primarias mañana y que dejan solo al partido liberal en una consulta con la ciudadanía para ver cuál precandidato compite a la presidencia. Y también, dirigida a partidos alternativos como el Polo y Alianza Verde, precisamente por las banderas que enarbolan: transparencia y nuevas formas de hacer política.

Los beneficios

En principio, las primarias contribuirían a una mejor calidad de la democracia por promover un papel más activo de la ciudadanía así como de mayor transparencia en el seno de los partidos al tomar en cuenta la voluntad de sus militantes a la hora de definir el candidato. En cuanto al primer punto, ya va siendo hora que los ciudadanos asuman su responsabilidad en las decisiones de orden político, que se informen y que incidan en la toma de decisiones.

En cuanto al segundo punto, la transparencia es intrínseca a este proceso de consultar internas, dado que el candidato deja de escogerse a espaldas de sus electores, como ocurre en la mayoría de casos. Pero también, porque las consultas internas pueden atraer nuevos simpatizantes, fortalecer los partidos y la institucionalidad, en palabras del profesor Basset. Desde luego, implica un reto para los precandidatos en tanto que los obliga a prepararse para cautivar más votos. Lo anterior es beneficioso para los partidos, sobre todo en el contexto de una mínima confianza ciudadana en ellos, lo cual genera que a fecha de hoy la presidencia de la república tenga más de 25 candidatos por el mecanismo de firmas.

No obstante, es válido precisar que todo esto ocurre en el plano de los principios. De ahí a que ocurra en la realidad existe un largo trecho y un cambio significativo en nuestra cultura política. Ahora bien, este análisis se basa bajo el presupuesto que las primarias acogen en mayor proporción el voto de opinión que en otro tipo de elecciones, y en aras de la objetividad, esto no siempre ocurre y es reemplazado por redes clientelares.

Los verdaderos costos

En este punto, es imperativo plantear cuáles son los verdaderos costos de la democracia. Ciertamente, no son los 40.000 millones de pesos que cuesta la consulta liberal, sino el hecho de continuar con una democracia con bajísima participación electoral que supera el 60%. Esto obedece a que no existen los suficientes incentivos para votar, lo cual, a fin de cuentas, alimenta un círculo vicioso que impide la renovación política.

Asimismo, el argumento del costo de convocar a elecciones se extiende a las consultas populares de los municipios que consideran que no es pertinente adelantar proyectos mineros en sus territorios. Este debate contiene suficientes ambigüedades legales que no han sido solucionadas, como la autonomía de las comunidades, la competencia del uso del suelo y subsuelo, entre otras cuestiones.

Ahora, bajo el argumento de los costos de la democracia, la Registraduría y el Ministerio de Hacienda resolvieron que estas consultas deben ser costeadas por las alcaldías de los municipios y no por estas entidades del orden nacional, lo cual provoca que estas consultas no sean llevadas a cabo en municipios de tercera, cuarta, quinta y sexta categoría justamente por su bajo presupuesto. Por lo demás, estos municipios constituyen la mayoría de los municipios en Colombia.

¿Y los otros partidos?

Mientras todo esto ocurre, los otros partidos políticos están tomando acciones para definir a su candidato a la presidencia. Algunos ya lo han escogido, como el Partido Conservador (Ubeimar Delgado), Polo Democrático (Jorge Robledo) y Alianza Verde (Claudia López). Cambio Radical le está recogiendo firmas a Germán Vargas Lleras así este se presente por firmas y técnicamente no tenga partido. El Centro Democrático, hace poco definió que tres firmas encuestadoras (Dantesco, Centro Nacional de Consultoría y Cifras y Conceptos) mediante tres sondeos escogerán al candidato, entre el 20 de noviembre y 10 de diciembre. Otros como el Partido de la U optaron por no tener candidato propio sino apoyar alguna opción del centro, a petición de su fundador, Juan Manuel Santos.

Así pues, a través de discursos demagógicos se habla de una democracia costosa, se desvía el verdadero debate y no se tiene en cuenta que precisamente los costos de estas consultas coadyuvan a mejorar la calidad de la democracia.

Foto: Claudia Rubio / El Tiempo


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