• Lourdes Mateus

Si me salvo es gracias a Dios, pero si muero la culpa es del médico


Y así, bajo esta premisa falaz se nos pasan los días a los colombianos que aún no somos capaces de identificar con claridad donde están los problemas que nos amargan no solo la vida sino aún peor la enfermedad que ya es amarga por sí sola. Es comprensible que algunos sientan ganas de inmolarse en cualquier sala de espera hospitalaria con el turno 653 en la mano y en la pantalla el numero 75 mientras una dulce voz dice “se cayó el sistema”.

Además de todas las deficiencias administrativas, financieras y operativas que tiene nuestro complejo sistema de salud, una de las peores fallas es su enfoque curativo y no preventivo que se traduce en que la gente no sabe de qué se puede enfermar y mucho menos por qué se puede enfermar. De un modo absolutamente macabro el negocio no es enseñarle a tener una vida saludable sino la enfermedad en su máxima expresión, pero no para atenderla sino para justificar el flujo de recursos con todas las consecuencias que vemos sin mucho esfuerzo cada día. La sobredemanda de usuarios reclamando servicios de salud de alta complejidad trae detrás una tragedia familiar en cada caso y un lucro in-imaginado para unos pocos (ya no se sabe ni para quienes, pues ahora las EPS dicen que el sistema SI funciona pero que también ellas están quebradas, vaya ironía).

Ahora piense cuántas tragedias humanas de este tipo pueden sumarse en un hospital como el Universitario de Neiva que por ejemplo, tiene disponibilidad de solo 21 camas en Cuidados Intensivos no solo para atender alta complejidad del Huila sino del Caquetá y Putumayo. Cómo se hace para definir cuál de esos 21 seres humanos vale más que otro, cómo usted podría decidir quién merece más vivir como para sacar a un paciente y meter otro que también necesita la cama porque este sistema de salud NO le enseño que si desayunaba chicharrón todos los días algún día podría infartarse. Nadie notó que cuando yo llego al hospital, con todos los esfuerzos el personal de salud cual campo de guerra le acomodo servicios y monitores, improviso camillas, esparadrapos y sabanas como hacen siempre para atender precariamente con lo poco que se tenga a la mayor gente que se pueda.

Pero le aseguro que si nada de lo que se acomoda funciona, si no se consigue una cama o el medicamento, si la EPS no autoriza y su familiar desafortunadamente muere, usted nunca olvidará la cara del médico o la enfermera que “lo dejo morir”, y al mismo tiempo nunca recordará el nombre del gerente que desvió el dinero destinado a ampliar la UCI, de la farmacéutica que triplicó los precios y limitó el acceso a los medicamentos, de los congresistas que no asistieron a las audiencias públicas para discutir el sistema de salud, del senador que defiende la ley 100 porque tiene intereses financieros en la enfermedad, la guerra y la muerte. Se hará el loquillo con la firma que usted mismo dio para avalar candidaturas presidenciales de millonarios, déspotas y corruptos, usted no recordará por quien voto la última vez y seguramente, venderá su voto por un trabajo, un subsidio, un tamal o una teja en la próxima, haciendo honor a este país de las maravillas que olvida que al vender su voto está endosando su propia vida de manera literal. Seguramente repetirá como loro, en tono de bobo y los ojos hacia arriba “la culpa fue del médico”, mientras espera que llegue el turno 653. Pero tranquilo mientras leyó esta columna el sistema ya volvió y van en el 76, ahora le quedan tan solo 577 turnos.

Colofón: Reconozco que hay unos cuantos “Hipócritas Hipocráticos” andando por pasillos hospitalarios con sus batas bien blancas o sus tocas en la cabeza, de todo hay en la viña del señor. Para ellos y ellas.. El sistema de salud en Colombia ya es un cloaquero, no contribuya a que sea peor.

Foto: Colprensa


LA GUACHAFITA