• Andrés Ardila

Una noche de terror


El pasado 31 de octubre ocurrió un hecho inconcebible en el municipio de Yaguará (Huila), en el que resultaron afectados varios niños en plena noche de Halloween. La intolerancia y la maldad no pudieron manifestarse de una manera más grotesca.

La noche de los brujitos, o Halloween, una celebración en la que mediante disfraces y trajes estrafalarios tradicionalmente se buscaba ahuyentar a los demonios y los espíritus malignos, ahora ha sido transformada en un evento lúdico, en el que participan especialmente niños y niñas. Los chiquillos, que buscan ganarse la atención de los demás a través de su inocencia, ataviados con coloridos y resplandecientes trajes de héroes y heroínas, príncipes y princesas, villanos y personajes célebres; logran obtener el aprecio de quienes admiran esta bella escena, que alegra la noche de ciudades enteras e iluminan con su ternura los momentos más lúgubres y desesperanzadores.

A pesar de ello, ha nacido en algunas personas el rechazo hacia estas tradiciones, y buscan eliminarlas de las maneras más radicales posibles. Estos individuos, carentes de empatía, principios y valores morales, atentan de forma reprochable hacia los grupos poblacionales más vulnerables, como si hacer daño a un ser inocente fuese algo placentero. Esta misma clase de personas fueron las que sembraron el terror y el miedo el pasado 31 de octubre a las ocho de la noche en la localidad de Yaguará, cuando lanzaron una granada de gas lacrimógeno en pleno centro del área urbana, que estaba en ese instante concurrido por cientos de niños que sufrieron irritación en la vista, garganta y piel. Algunos de ellos fueron llevados a la sección de urgencias del hospital local Laura Perdomo de García, que reportó diez casos representados en dos adultos y ocho niños, que además de las afectaciones que presentaban, terminaron psicológicamente alterados por este incidente.

Muchos de los perjudicados no acudieron al hospital y prefirieron refugiarse en sus hogares, en los que sus familias no lograban concebir lo sicedido; nadie puede imaginarse que tal aberración logre generarse en un municipio pequeño y en medio de una celebración como esta. Atentados de aquella índole merecen el total rechazo y desaprobación de todos, especialmente si se presentan en un lugar reconocido por su tranquilidad y habitantes pacíficos.

Queda decirle a los autores de este maquiavélico plan que solo lograron el rechazo de toda una población. Ojalá logren situarse en el lugar de sus víctimas, seres inocentes que únicamente deseaban pasar una noche especial con sus amiguitos y en la que buscaban recibir muchas golosinas, sin embargo, encontraron miedo, caos y dolor. Esperamos que este caso no represente la tajante prohibición de esta fecha especial en el futuro, pues no podemos dejar que el miedo y la incertidumbre domine nuestros corazones. Los niños no merecen que se les niegue la alegría, solo desean escenarios en los que predomine la paz, el amor y la sana diversión.

Foto: Eldiario.es


LA GUACHAFITA