• Andrés Ardila

Impacto a los sitios arqueológicos | Lo que Betania anegó


En la década de 1980 se construyó la Central Hidroeléctrica de Betania, que inundó más de 7400 hectáreas pertenecientes a los municipios de Yaguará, Hobo, Campoalegre y Gigante; la obra transformó no solo la geografía del lugar, sino la economía y costumbres de quienes sufrieron sus impactos, que se mantienen hasta el día de hoy como referente de una época de ofuscamiento que trajo consigo un cambio drástico del cual no han logrado reponerse*.

Petroglifos del Peñón de Letras, hoy bajo el embalse de Betania. Fotografía de Álvaro Jacinto Botiva Contreras. Cortesía: Instituto Colombiano de Antropología e Historia. 1986.

Yaguará, 1986**. Lo que antes fuese un productivo valle, en el que se producía arroz, cacao y ganado, hoy día parece un lugar desolado y triste, que en poco tiempo se convertirá en el embalse de Betania, el proyecto hidroeléctrico más grande y ambicioso del país.

En medio de las 7400 hectáreas que serán inundadas se encuentran varios sitios arqueológicos de la era prehispánica que están en peligro de desaparecer; aquella preocupación llega hasta el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) pues durante los cinco años que lleva construyéndose la presa, no se solicitó una prospección arqueológica del sitio ni existió el interés del gobierno en estudiarlo antes de inundarlo.

Llenado del embalse de Betania. Fotografía de 1987. Cortesía: Familia Monje Pérez.

En el transcurso del levantamiento de la obra y la adecuación o deforestación del lugar en donde se emplazará el futuro lago, no ha habido cuidado ni control alguno de los recursos; las máquinas han arrasado el ecosistema, al explotar algunas montañas para moldearlas y crear los diques de contención se ha encontrado infinidad de oro, el cual, se dice han aprovechado hasta la saciedad los trabajadores del lugar. Asimismo, al momento de retirar escombros, algunas tinajas de barro prehispánicas se han visto rodando por las laderas de las montañas hasta destruirse al chocar con el fondo.

Todas estas noticias han alarmado a los antropólogos del ICANH, que han delegado a uno de sus arqueólogos, Álvaro Botiva, para que vaya hasta el lugar a realizar una misión de rescate de las piezas que logren encontrarse y analizar algunos sitios de interés arqueológico que están en peligro de desaparecer bajo las crecientes aguas del embalse de Betania.

Al llegar hasta el lugar, Álvaro encuentra que ya está avanzado el llenado del embalse y algunos de los sitios de los que le informaron ya se encuentran bajo las aguas, tal fue el destino de los petroglifos de la sirena y del cangrejo, un par de rocas que estaban ubicadas en cercanías de la unión de los ríos Magdalena y Yaguará, sitio en el cual ya se levanta imponente el vertedero principal o compuertas de la presa.

Otro petroglifo del cual se dio referencia, conocido por los moradores del lugar como Peñón de Letras, aún no ha sido inundado; la roca de 26 metros cuadrados de volumen, presenta petroglifos coloreados de variados motivos y formas de la era prehispánica; por estas razones, y ante la inminencia de la inundación, el arqueólogo solicita una audiencia con el Gerente General de la Central Hidroeléctrica de Betania y expone la necesidad de extraer la porción de roca para ser transportada a un sitio seguro, a lo que el Gerente y el Subgerente Técnico se ofrecieron a recuperarla por tallado, o por medio de pequeñas voladuras.

No obstante, la recuperación de la roca nunca se logró y los petroglifos terminaron bajo las aguas del embalse de Betania. Álvaro Botiva solo logró extraer dos cuencos de cerámica de uno de los dos cementerios indígenas cercanos que corrieron la misma suerte, el de Algodonales y Chuira; material que fue entregado al laboratorio de arqueología del ICANH y en donde reposa hasta la actualidad.

Unos meses más tarde el embalse alcanzó el nivel de llenado esperado, dando como resultado un inmenso y reluciente lago, que aparentemente se convertiría en un atractivo turístico reconocido y en fuente de energía para el país. Atrás quedó un pasado prodigioso en el ámbito agrícola y ganadero para los municipios afectados por esta Central Hidroeléctrica, que hasta el momento no han logrado sobreponerse a los impactos negativos que trajo su construcción y con la cual tienen que convivir a diario, como si fuese un intruso que nubló sus expectativas y sueños.

Fuentes: Álvaro Botiva Contreras: Memorando Informe Viaje a Betania. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, agosto 20 de 1986.

* Lo que Betania anegó es una serie que contiene varios artículos en torno al episodio de la inundación del Embalse de Betania. Esta primera entrega se enfoca en los impactos a los sitios arqueológicos.

** Este artículo es un retrato de lo sucedido en 1986 meses antes la inauguración de la Represa de Betania.


LA GUACHAFITA