• Astrid Flórez

De increpadores, parkour, ciencia y migrantes


Una de las cosas que más me dolió del último viaje a Bruselas fue ver el inaudito aumento de refugiados durmiendo en las calles y parques. Entre mis privilegios de becaria y sus precariedades opté por dar comida a una señora de no sé dónde que estaba siempre en la puerta del supermercado donde hacía mis compras semanales. Yo, la educada para no regalar comida porque no suele ser ayuda útil ni estratégica, sucumbí.

Admiro profundamente el trabajo humanitario de quienes algo hacen por estas personas que huyen de terribles contextos para llegar a otros también terribles pero “menos malos” que los de origen. Recuerdo el escalofriante testimonio de por qué migran muchos africanos cuando dicen "cualquier cosa es mejor que vivir así". "Así" significa la muerte diaria, las carencias cotidianas, los asaltos sexuales, la explotación y la miseria. Para ellos, un viaje a Europa, que significa lo mismo, al menos les da algo de esperanza.

En Colombia, ese dolor de refugiado se traduce en más de seis millones de desplazados. Cuando me pregunto qué puedo hacer yo, que tampoco resuelvo nada con un mercado o con una moneda, trato de animarme pensando en que al estudiar las formas de pervivencia campesina en los territorios de guerra y sus estrategias de resistencia a los órdenes de la violencia, tal vez pueda darle algunas claves tanto a los gobiernos como a las comunidades para que acabemos con el desplazamiento forzado.

Y recuerdo cuando la gente increpa el trabajo de la escritura para que sea reemplazada por el "hacer", por el "comprometerse y transformar", como si escribir no fuera un hacer y un transformar también. ¿Olvidan los increpadores que toda acción requiere también los momentos de condensación y revaloración del pensamiento y de la misma acción? ¿Olvidan los increpadores que el "hacer" y el "pensar" son dos momentos de la misma cosa? Al fin de cuentas es como si los increpadores, en la inmediatez de su hacer diario, optaran por ver solo el lado "A" de la moneda cuando toda moneda tiene un parcours (recorrido) y un parkour (deporte extremo de acrobacia en infraestructura urbana) que implica camino y riesgo.

El que salta el muro necesita encontrar el equilibrio controlando su centro de gravedad tanto como el que desde el escritorio vigila el tono y contenido de las letras para no caer en las volteretas de los lugares comunes y del facilismo académico. Y como en el parkur, en la escritura tampoco hay garantía para el éxito de las piruetas, pero se intenta y se perfecciona solo en el hacer mismo de la escritura, de un nuevo intento y de un nuevo fracaso.

Cuando ya uno ha hecho múltiples piruetas en el parkur académico, entiende el carácter siamés entre "producción intelectual" y "trabajo de campo". Algunos optamos por formar investigadores desde nuestra experiencia de construcción de puentes entre academia y trabajo de campo, desde nuestra experiencia de educación popular y afán de romper el academicismo del aula.

Sabemos que al final no hay pirueta experta ni modelo pero sí una serie de técnicas, que seguidas con rigor y tranquilidad, aportan soluciones y transformaciones a los espacios múltiples donde nos movemos. Se aprende también que antes de increpar, conviene preguntar. Y sobre todo escuchar. No hay dos cuerpos con el mismo centro de gravedad.

Foto: Todoejercicios.net


LA GUACHAFITA