• Andrés Ardila

Creencias y carencias


Es sorprendente que hoy día, en una sociedad cada vez más moderna, equitativa, libre y que busca espacios que propicien la tolerancia e integración, encontrar gran cantidad de jóvenes que están adoptando creencias religiosas cristianas.

Foto: White Rabbit Matrix

Algunos fervientes seguidores de dogmatismos religiosos que condenan y juzgan a lo demás por no ser parte de su fe ni estar contemplados en lo que la biblia considera aceptable.

Se está evidenciando un crecimiento exacerbado de fieles en las iglesias, especialmente de jóvenes, y no especialmente del típico prototipo de fanático religioso, sino de un nuevo estilo de creyente: el geek, el popular, el trotamundos…; tendencias que inspiran y atraen a nuevos creyentes hacia congregaciones que han adoptado la modernidad de su contexto para permanecer vigentes.

Jóvenes que buscan ser parte de algo, mantener su autoestima en sólidas creencias que los sostengan íntegros en un mundo de pasiones y tentaciones pecaminosas; algunos que ante la no aceptación de sus padres ni amigos, niegan su naturaleza y esencia, y acuden con sus inseguridades hacia las puertas de los templos para ser redimidos de sus pecados y pensamientos antinaturales, en donde son purificados por otro ser humano, que los absuelve de sus culpas y donde terminan acudiendo constantemente al recaer víctimas de sus debilidades.

Precisamente este tipo de joven inseguro, con sus carencias emocionales y afectivas, que necesita ocultar su verdadero interior ante los demás, es el que profesa una fe que lo ha convertido y purificado milagrosamente, pero que más adelante termina desahogando aquel cúmulo de frustraciones que ha almacenado en otra persona, que termina convirtiéndose en víctima de su desenfreno y pasiones retenidas, para luego ningunearla y condenarla al rechazo.

De una sociedad cada vez más religiosa e hipócrita no podemos esperar nada alentador, solo la negación de la naturaleza humana, naturaleza que algún día reclamará su sitio y hará caer los velos de la intolerancia y la mojigatería. El fanatismo, que nace de la necesidad de llenar vacíos y encontrar un sentido de vida, rara vez resuelve el problema de fondo, pero lo disimula al ser un distractor.

Es habitual encontrar personas que destinan toda su esperanza en que alguna deidad los saque de apuros, alivie sus penas y mejore su futuro. La poca fortaleza mental de estas personas les impide creer que en ellos mismos está la voluntad de mejorar sus vidas, sin necesidad de recurrir a agentes externos religiosos. Un trabajo de introspección crítico y positivo es más que suficiente para lograr conocerse a sí mismo.

Así que, apreciado lector, solo usted puede solucionar sus problemas, en su interior está el apoyo suficiente para llevar una vida plena y feliz, crea en usted y en sus capacidades sin recurrir a dogmas ni creencias religiosas limitantes.


LA GUACHAFITA