• Lourdes Mateus

Por lo menos en Halloween, me des-disfrazo


Confieso que para mí, las mujeres son una fuente inagotable de curiosidad que cuando se disfrazan cada día, logran que su cabello nunca esté desarreglado, ni el viento pareciera tocarlas y además, que antes de salir hayan alcanzado a dejar su casa y su cama en orden, como si los tacones otorgaran esa cruel obligación acompañada del súper poder del “todo en su lugar”. Realmente no sé cómo hacen para cumplir tantas y tantas exigencias sociales.

Yo soy un total desastre, cuando me pongo mi disfraz de enfermera lo máximo que logro es llegar con dificultad a la oficina casi siempre a tiempo pero con cara de haber llegado muy tarde, en el transcurso del día voy arreglando los estragos que deja el huracán que me saca de la cama si decido darle 10 minutos más al despertador que ya venía de 10 en 10 desde una hora antes. Me perdonan llegar tarde, pero jamás sin maquillaje.

Definitivamente, el disfraz es más exigente sí se es mujer, porque el hombre puede darse una vueltica con unos días sin afeitar, pero ¡Ay por Dios! donde una vieja no se pase la cera por algún lugar de vello visible a ver cómo le va. Entonces claramente en Halloween pedir a las mujeres que nos disfracemos es una cruel redundancia pues ¿Qué más quieren si lo hacemos cada día? Se me ocurre que este año podríamos jugar como chiquillas a “des-disfrazarnos”.

Ese día, abra bien los ojos y elija esa ropa vieja, comodita y de colores raros que esta arrumada en el fondo del armario desde el día en que alguien antes de saludar dijo “¡te ves como gordita!”, no use sostén que todas sabemos cuánto los odiamos. Ese día, está permitido que los zapatos o la ropa interior no combinen y no se planche el pelo si no quiere, deje esos rizos al viento pues da igual que le digan que parece un león ya que habrán otras a las que les digan que parecen traperos, pero ¿a quién le importa?, dirán cualquier hostil y ridícula cosa de todos modos.

Rásquese donde quiera a la hora que quiera y ese maravilloso día chúpese los dedos después de comer pollo con la mano o con cubiertos, lo importante es que usted, mujer, pueda elegir por lo menos un día lo que realmente le da la gana hacer. Si le preguntan de qué esta disfrazada grite con todas sus fuerzas que está des-disfrazada de su propio nombre. Rebélese contra el pantalón "gatúbelo" y la tanguita de Mujer Maravilla, y ni por el chiras le preste sus tacones de oficina a un tipo, pues seguro se los pondrá en la noche mientras se viste de mujer para la fiesta como quien se disfraza de perro o de gato.

Tal vez, cuando esté des-disfrazada pueda ver cuánta misoginia se esconde detrás de cada intento de los otros machotes por tocar las bombas infladas que cada uno se pondrá en el trasero, pero usted será un poco más libre aunque no lo note, hasta el siguiente día cuando vuelva a plancharse el pelo.


LA GUACHAFITA