LA GAITANA: ÍCONO DE LA RESISTENCIA INDÍGENA HUILENSE*

No existe una literatura difusa sobre la Cacica La Gaitana precisamente porque lo único que se conoce a ciencia cierta son unos cortos versos de Juan de Castellanos:

 

“No les pone temor el estandarte

Aumentando de gente castellana:

Todos al fin andaban de mal arte

E ya servían de muy mala gana,

Para lo cual no fue pequeña parte

Una india llamada La Gaitana

O fuese nombre propio manifiesto

O que por españoles fuese puesto

 

En aquella cercana serranía 

Era señora de las más potentes

Por toda la tierra se tendía 

Gran fuerza de sus deudos y parientes:

Viuda regalada que tenía

Un hijo que mandaba muchas gentes,

al cual por no acudir como vasallo

Añasco procuró de castigallo"

 

Todo lo conocido en este “río de la historia” nace de los relatos orales que le hicieron Florencio Serrano, Juan de Orozco y Arias Maldonado a Juan de Castellanos. Los cronistas ubican este suceso en 1539 en el asentamiento de Guacacallo (Timaná), lugar conocido por acoger a diferentes tribus indígenas como los yalcones, los timanáes, temas y paeces. 

 

Pedro de Añasco, enviado por Sebastián de Belálcazar para asegurar el descubrimiento y la comunicación de Popayan y el Reino de Quito, coadyuvó en la fundación de ciudades como Timaná y Nuestra Señora de la Concepción del Valle de Neiva. Al llegar a estos territorios, Añasco exigió contribuciones y tasas a los aborígenes que fueron aumentando con el paso del tiempo. 

 

Buiponga, hijo de La Gaitana, se negó a rendirle tributos y homenajes a Añasco y este como escarmiento ordenó quemarlo vivo frente a todos los indios y ante los ojos de La Gaitana. Juan de Castellanos concluye su relato con estas palabras expresadas por la cacica:

“Decía: Hijo mío! cuán cierta

es a los confiados confianza!

Para cuantas borrascas abre puerta

Un brevecillo rato de bonanza!

Hijo, que sin tu vida quedo muerta,

Más no lo quedaré para venganza:

Bien puedo yo morir, pero tus penas

De pagármelas han con las septenas”

Después del llanto y la desesperación, La Gaitana se dio a la tarea de convocar a más de 6000 indígenas (dentro de los que se encontraba otro símbolo de esta rebelión: el Cacique Pigoanza) provenientes de las tribus aledañas para vengar la muerte de su hijo y desencadenar un lanzamiento que eliminara cualquier vestigio de la invasión española. 

 

Pedro de Añasco pagó con su vida el sacrificio del hijo de La Gaitana y sintetizó el símbolo de resistencia en estas tierras de Colombia. O en palabras de Rafael Gómez Picón, La Gaitana representa el ejemplo de “cuando el mal llamado sexo débil se torna más fuerte, tremendamente fuerte”. 

 

Bien lo dice el historiador Gilberto Vargas, que “los pueblos adquieren una identidad que los tipifica y define. El del Huila se identifica con la Gaitana, con su amor a la libertad, con su apego a la tierra, con su valor indomable”. 

 

A pesar de su heroísmo y tenacidad, las revueltas impulsadas por La Gaitana se vieron disminuidas por los conquistadores. En ese sentido, Camilo Salas señala que “la lucha de los nativos, aunque no fructificó finalmente y contribuyó  su reducción numérica, perduró a través de dos siglos como expresión constante de resistencia contra el invasor y caracterizó al huilense como amigo y defensor de la libertad”. 

 

Bibliografía

 

  • Gómez, P. (1981). Timaná. De Belalcázar a La Gaitana. Parábola de violencia y libertad. Bogotá: Editorial ABC. 

  • Vargas, G., Salas, C. & Sánchez, B.  (1985). Así es mi huila. Neiva: Fondo de Autores Huilenses. 

  • Salas, C. (2011). Huila Montaña Luminosa. Neiva: Servi-Impresos. 

  • Tovar, B. (1996). Conquista española y resistencia indígena: las provincias de Timaná, Neiva y La Plata durante el siglo XVI. En Historia General del Huila. Vol. 1. Neiva: Academia Huilense de Historia. 

* Reseña elaborada por: Juan Corredor Garcia